jueves, 27 de junio de 2013

Un debate "déjà vu"

 A priori, habida cuenta de las adversas circunstancias, el debate sobre el estado de la comunidad celebrado ayer en el “mausoleo” de Villa del Prado debiera haber sido una dura prueba para Juan Vicente Herrera. Tras doce años al frente de la Junta, los drásticos recortes aplicados en los tres últimos años, junto al “fuego amigo” dispensado por el gobierno Rajoy, le colocaban probablemente ante el trance parlamentario más peliagudo afrontado en su ya dilatada carrera. Pero eso era partiendo de la base de que tendría enfrente una oposición implacable que no le iba a perdonar la más mínima. Y esto es lo que, una vez más -y van ya muchas- no se produjo.

lunes, 24 de junio de 2013

Castilla y León, un bienio negro

 Hoy se cumplen justamente dos años de la cuarta investidura de Juan Vicente Herrera como presidente de la Junta, cargo que llevaba desempeñando más de una década, exactamente desde que en marzo de 2001 ocupó la vacante dejada por Juan José Lucas. El nuevo mandato se iniciaba con el gobierno Zapatero en fase prácticamente terminal y con la expectativa de un cambio de inquilino en La Moncloa que llegaría seis meses después.

jueves, 20 de junio de 2013

Apalancados


  Ya he comentado en alguna ocasión el injusto sambenito que durante mucho tiempo arrastró Rodolfo Martín Villa como prototipo de político incombustible que no se había bajado del coche oficial desde su juventud, en la que encontró su primer cargo como Jefe Nacional del SEU, el sindicato universitario del franquismo. Ese estreno en una poltrona pública se produjo en 1962 y sin embargo en 1987 se retiró temporalmente de la política, precisamente a raíz de renunciar en el último momento a ser el candidato del Partido Demócrata Popular (PDP) a la presidencia de la Junta de Castilla y León en las elecciones autonómicas de aquel año.

lunes, 17 de junio de 2013

No sabemos aguantar una broma

 Si no fuera porque sus decisiones nos traen por la calle de la amargura, habría que convenir que los de la "troika" no tienen sentido del ridículo. El problema es que sus continuas pifias y resbalones los pagamos todos menos ellos, que, pese a sus errores de bulto y los desperfectos ocasionados, siguen en sus puestos como si nada, dispuestos a seguir sacrificándose por nosotros. Además de incompetentes, no tienen un ápice de vergüenza.