Nunca unas elecciones europeas, por sí mismas
de trascendencia muy limitada, habían provocado tanta convulsión política como las
del pasado domingo. Y ello tiene su lógica. Nunca los dos grandes partidos que
se han venido alternando en el poder desde la transición habían sufrido un
batacazo simultáneo. Cada ascenso electoral de uno siempre se había
correspondido con el descenso electoral del otro y la suma de ambos nunca había
bajado de un 75 por ciento de los votos. Ese era el gran pilar del
bipartidismo, reforzado además por un sistema electoral (ley D Hont) que además
sobredimensiona su representación en escaños.
jueves, 29 de mayo de 2014
lunes, 26 de mayo de 2014
Jaque al bipartidismo
Pese a
tratarse de unos comicios europeos, no cabe duda de que los resultados electorales del 25 de mayo dibujan un nuevo horizonte en la política española, un nuevo escenario que certifica el ocaso del bipartidismo y una nueva correlación de fuerzas
mucho más plural y equilibrada.
jueves, 22 de mayo de 2014
El circo electoral agota las últimas funciones
Cinco días
y sus respectivas noches ha tardado Arias
Cañete en pedir disculpas -de bastante mala gana- por su clamorosa
metedura de pata tras el debate electoral con Elena Valenciano. Tratándose de alguien con tan alto coeficiente
intelectual, es evidente que ha tardado demasiado en enmendar el error. Y que el retraso
denota que la rectificación se ha producido completamente a la rastra y quizá
no tanto por paliar el posible daño electoral del episodio como el lastre que
pudiera suponer el mismo de cara a sus aspiraciones de ser nombrado comisario europeo.
lunes, 19 de mayo de 2014
Cañete la lía y anima la campaña
Con razón se mostraba el PP reticente a enfrentar a Arias
Cañete cara a cara con Elena Valenciano en un debate electoral. Partiendo de
la base de que las encuestas le dan como ganador -aunque su victoria, de
producirse, será pírrica-, para los populares el lance presentaba más riesgos
que ventajas. Y además estaba contraindicado con su estrategia de mantener una
campaña lo más plana posible, sin estridencias que desperezaran a una bolsa de
abstencionistas que, si se toma la molestia de acudir a las urnas, es para
darse el gusto de propinarle un voto de castigo al PP.
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