lunes, 20 de septiembre de 2021

Patada a seguir hasta que Génova mueva ficha electoral

 Sentado el principio de que el adelanto electoral en Castilla y León o en Andalucía ha de contar con el placet de Génova, que instrumentará dichas convocatorias para impulsar la carrera de Pablo Casado hacia La Moncloa, de momento el presidente Fernández Mañueco parece resignado a convivir con la crisis interna abierta en el seno de su gobierno a raíz del golpe de mano con el decidió truncar la reforma de la atención primaria promovida por la consejera de Sanidad, Verónica Casado, y su mentor, el vicepresidente Francisco Igea.

 Vista la resaca posterior a la tormenta, queda nítidamente claro que en ningún momento ha entrado en crisis el pacto de gobierno PP-Ciudadanos vigente desde el inicio de la Legislatura. En absoluto. El conflicto se ciñe a la relación del presidente con el vicepresidente y la citada consejera, quiénes habiendo accedido a la Junta a través de Ciudadanos, han venido y vienen actuando por su cuenta y al margen de su partido de origen, incapaz de marcar las políticas de sus teóricos representantes.

Castaño y Fuentes, en una imagen de la anterior Legislatura
 Por la cuenta que les trae, el aparato orgánico de Ciudadanos y su grupo parlamentario en las Cortes son los últimos interesados en romper el pacto de gobierno en Castilla y León. Ello proporcionaría al PP el argumento que necesita para justificar un adelanto electoral de consecuencias letales para la formación naranja. Equivaldría a un suicidio colectivo impensable en quienes siguen detentando importantes parcelas de poder en las instituciones autonómicas.

 La prueba de que los Fuentes, Castaño y demás afines a Inés Arrimadas no quieren ni oír hablar de una ruptura que les apearía de sus cargos es que se han apresurado a pactar con el grupo popular una Proposición no de Ley en la que PP y C´s ponen en común sus posiciones sobre la reforma sanitaria, dando así por superada la divergencia de voto de ambas formaciones con respecto a la PNL socialista que desencadenó la tormenta. Como no puede ser de otra forma, el texto suscrito entre ambos partidos ofrece “garantía de asistencia presencial médica y de enfermería en todos los centros de salud y consultorios locales”, así como “compromiso de no reducción de recursos sanitarios del medio rural para trasladarlos al medio urbano”.  Es decir, todo lo contrario de lo que perseguía el Plan Aliste, que dejaba sin dotación al 80 por ciento de los 3.666 consultorios, o de lo que proponía el Plan Segovia, que contemplaba la amortización de plazas médicas en el medio rural. Todo un estímulo a abandonar el medio rural en pleno desplome demográfico.

 

De “malentendido”, nada.- Pero mientras los dos partidos coaligados restablecen su armonía parlamentaria, la relación entre el PP y el dúo Igea-Casado sigue siendo tormentosa.
Mañueco en su escaño de las Cortes. Detrás, Raúl de la Hoz
 Después de haber desafiado la autoridad del presidente, acusarle entre líneas de “deslealtad” y “traición” e incluso agitar el grotesco espantajo de una delirante moción de censura, Igea ha insistido en zanjar el problema atribuyéndolo a un simple “malentendido” (y no por parte suya, sino por la del presidente). Y se ha encontrado con la respuesta del portavoz del grupo popular, Raúl de la Hoz, aclarándole, por si quedaba duda, que de malentendido, nada, que el PP apoyó la iniciativa socialista simplemente porque compartía los términos de su resolución. Una resolución, no olvidemos, que insta a la Junta “a retirar el plan de reestructuración de la atención primaria en el medio rural y garantizar de una vez por todas la consulta médica y de enfermería presencial en todos los consultorios y centros de salud”.

 Mañueco ha dado instrucciones a Casado para que proceda en consecuencia, pero no se fía de que, en lugar de hacerlo, siga embrollando la situación, como lo hace desde el momento en que niega que haya existido nunca ningún plan. Tal es la desconfianza del presidente que, lejos de conceder ningún cheque en blanco, ha puntualizado que su “aval” no es a ninguna actuación de la consejera, sino al cumplimiento del mandato de reponer la atención presencial y mantener la actividad en todos los centros y consultorios.

 Con el golpe de timón ordenado en política sanitaria, Mañueco ha buscado simultáneamente un doble objetivo: Ahorrarse el fuerte desgaste que el desmantelamiento de la Sanidad rural estaba suponiendo para el PP y neutralizar una gran baza electoral del PSOE, que se opuso desde el minuto uno a esa reforma y de hecho condicionó y condiciona cualquier negociación en la materia a la retirada de los planes negados por la consejera.

 El oportunismo electoral con el que ha actuado el presidente de la Junta admite pocas dudas. Mientras Ciudadanos era un compañero de viaje imprescindible, se despreocupó de las políticas incendiarias de Igea, Casado y Amigo, como si la cosa no fuera con él. Hasta que llegados a este punto, en el que el PP ha fagocitado al electorado naranja y C´s es un partido zombi, ha decidido parar los pies a las lesivas iniciativas del pirómano vicepresidente.

Verónica Casado
  Consejera a la contra.- Pero para que resulte creíble su “contrarreforma sanitaria”, Mañueco necesita hacerla visible a la mayor brevedad y eso no va a ser fácil con un vicepresidente y una consejera que se van a dedicar a poner en las ruedas todos los palos a su alcance, que son muchos dada la precariedad de unas plantillas que ellos mismos se han dedicado a desincentivar. Y lógicamente con el PSOE de Tudanca exigiendo cada día el cumplimiento de lo acordado en las Cortes antes de iniciar cualquier negociación sobre el modelo sanitario.

 Entretanto, se tramita en las Cortes otra de las polémicas reformas consentidas por Mañueco a Igea, la que se propuso desbloquear los mapas rurales de la Ordenación del Territorio a costa de dinamitar el anterior consenso existente entre PP y PSOE. La reforma tenía como objetivo inicial eliminar la mayoría cualificada que obligaba al consenso entre los dos principales partidos, pero además de eso se ha descolgado dejando en manos de las Diputaciones provinciales la delimitación de los polémicos mapas, a partir de los cuales se organizan todos los servicios de la Junta, incluidos los sanitarios.

 No deja de tener miga el asunto. En lugar de coger ese toro por los cuernos, el vicepresidente que concurrió a las elecciones encabezando el cartel electoral de Ciudadanos desvía esa responsabilidad hacia las Diputaciones, esas mismas que el partido naranja quería suprimir por superfluas. Al margen de ello, está por ver si el PP lleva al final esa confrontación con los socialistas, que tienen en el ámbito municipal una de sus fortalezas, o deja colgada otra de las dañinas reformas de Igea.

  Y con este mar de fondo seguiremos mientras Génova no disponga otra cosa. Por de pronto, hasta la convención nacional de primeros de octubre en Valencia la cúpula del PP no pondrá en marcha nada que interfiera ese fasto. Días antes, Pablo Casado hará una escala previa en Valladolid para escenificar su entrañable relación con Fernández Mañueco. El mismo presidente autonómico al que hace menos de un año quería moverle la silla. ¿O no?

(Publicado en elDiario.es Castilla y León)

lunes, 13 de septiembre de 2021

Otra opción de Mañueco: Cesar al dúo Igea-Casado y recomponer el pacto con Ciudadanos

La tormenta política desatada la pasada semana en el seno de la Junta a raíz de que el presidente Fernández Mañueco desautorizara sin ningún miramiento a la consejera de Sanidad, Verónica Casado, y por ende a su mentor, el vicepresidente Francisco Igea, ha desencadenado la psicosis de un adelanto electoral en Castilla y León. Algunos círculos sitúan esos eventuales comicios antes de que finalice el año y algún medio ha aventurado la fecha del último domingo de noviembre. Otros piensan que Mañueco puede esperar a 2.022, anticipándose en todo caso a la moción de censura que el PSOE vuelve a tener opción de presentar a partir del 10 de marzo.

 Si antes de la pasada semana ya se daba casi por descontado que un eventual adelanto en Andalucía arrastraría otro en Castilla y León, no digamos después de este episodio, que ha puesto abrupto fin al idilio político vivido por Mañueco e Igea a partir de su inicial matrimonio de conveniencia. Pero para adelantar elecciones aquí en solitario al PP de Mañueco (y a Génova, que ha de dar el visto bueno) les falta por el momento el argumento de peso que las justifique ante la opinión pública. Y en los seis meses que faltan hasta marzo ese argumento no puede ser otro que la ruptura del pacto de gobierno entre PP y Ciudadanos, algo que hoy por hoy no se ha producido.

Mañueco y Arrimadas el pasado abril en el Colegio de la Asunción
 ¿Crisis? ¿Qué crisis?.- A mi modo de ver no ha sido el pacto de gobierno entre ambos partidos lo que ha entrado en crisis. Y así lo ha dejado muy claro Inés Arrimadas, subrayando de paso su “excelente” relación con Mañueco. Lo ocurrido es algo muy distinto: El presidente de la Junta ha puesto pie en pared ante el permanente desafío a su autoridad por parte de dos de los miembros de su gobierno nombrados en su día a instancias de Ciudadanos. Y los ha desautorizado públicamente de forma descarnada apoyando en las Cortes una proposición socialista que manda a la papelera la reforma de la atención primaria en la que se habían obstinado los susodichos. Y no solo eso: ha ordenado iniciar una negociación con el PSOE en busca de un consenso sanitario sobre la base de dicha resolución parlamentaria.

 En una democracia normalizada, la consejera y el vicepresidente, tendrían que haber dimitido irrevocablemente. Era la única salida digna ante tamaña desautorización presidencial. Pero la palabra dimisión no figura en el diccionario de Igea, un atrabiliario personaje, iluminado y ensoberbecido, que se considera providencial y con derecho a hundir el templo con todos los filisteos.

 La hipotética dimisión de Igea y Casado (quien, por prescripción del primero, mantiene la boca cerrada, como si todo esto no fuera con ella) se hubiera resuelto sin mayor problema con su sustitución por otros dos representantes nombrados por Ciudadanos. El freno y marcha atrás de Mañueco, sacudiéndose de encima una reforma de alto coste electoral para el PP, no incumple el acuerdo de gobierno suscrito en su día entre ambos partidos, en el que en ningún momento se contempla cerrar consultorios rurales. Una reforma que tampoco puede ampararse en la pandemia, ya que fue impulsada antes de que sobreviniera la crisis sanitaria.

Francisco Igea y Verrónica, dos colegas y un destino
 Desafío a la autoridad al presidente.- A falta de su dimisión, Igea se hizo acreedor de un cese fulminante en la desaforada rueda de prensa que protagonizó el pasado martes, en la que se arrogó para sí mismo y los otros tres consejeros propuestos por Ciudadanos la condición de inamovibles de sus puestos y su plena autonomía para marcar las políticas de sus consejerías. Todo un desafío a la autoridad del presidente de la Junta, quien, de acuerdo con el Estatuto de Autonomía (art. 27) tiene entre sus facultades, como no puede ser de otra forma, las de “dirigir y coordinar la acción de gobierno” y la de “nombrar y separar libremente a los demás miembros de la Junta”.

 Resulta obvio que ningún acuerdo de gobierno entre partidos puede estar por encima del Estatuto, pero es que además en el firmado entre PP y C´s el único cargo de la Junta que se asigna expresamente al segundo partido es la vicepresidencia, sin que conste, claro está, que se tenga que llamar Francisco y apellidar Igea.

 Tan insolente insubordinación era causa más que suficiente para que Mañueco destituyera fulminantemente al hasta ahora vicepresidente, amén de hacer lo propio con Casado, quien hace mucho tiempo que perdió la confianza presidencial. ¿Qué ocurriría si el presidente, en ejercicio de su autoridad, decidiera cesar a ambos?

 Sobre el papel, Ciudadanos podría reaccionar dando por roto el pacto y pasar a la oposición, lo que abocaría, en este caso sí, a unas elecciones anticipadas. Pero como quiera que dichos comicios supondrían la liquidación del partido naranja y el ingreso en el paro de las decenas de cargos públicos y asesores colocados en las instituciones autonómicas, resulta impensable que asistiéramos a semejante “harakiri”.  Habida cuenta del “afecto” de que gozan el vicepresidente y sus afines entre la dirigencia nacional y autonómica, es más que previsible que Ciudadanos se aviniera a mantener el pacto, tal cual o revisado, reponiendo su cuota de representación en el Consejo de Gobierno. El único daño evaluable para PP y C´s sería que un despechado Igea se fuera con su escaño de procurador al grupo de no adscritos de las Cortes, donde compartiría la biblioteca parlamentaria con su antigua y denostada compañera María Montero.

Cartel-contador en el consultorio local de Monumenta (Zamora)
 Dejar pudrir la situación.- Pero cabe sospechar que la audacia de Mañueco no llegue a tanto y que, a la espera de lo que suceda en Andalucía, deje pudrir la situación manteniendo en su gobierno a un dúo que, a la vez que está desahuciado en su partido de origen,  constituye en sí mismo una fuente inagotable de conflictos. Quebrada la confianza del presidente, la permanencia en sus puestos de un tipo tan corrosivo y desquiciado como Igea y de una consejera-títere como Casado constituye un sindiós político.

 De momento, la consejera, que se sabe en el filo de la navaja, se la ha tragado doblada teniendo que acatar la orden del presidente de proceder a desmontar su reforma y devolver la actividad presencial a consultorios y centros de salud, tal como establece la proposición aprobada en las Cortes y le trasladan hoy los presidentes de las Diputaciones. Pero el verborreico vicepresidente es incapaz de contenerse y sigue arremetiendo compulsivamente contra todo lo que sale al paso. Su última enganchada ha sido con el presidente del PP de Burgos, Borja Suárez, quien ha pedido el cese del director del hospital burgalés por los continuos “desatinos” perpetrados estos dos últimos años en dicho centro. A Igea se le hace eterno el día si no puede chapotear en algún charco. Es algo patológico.

(Publicado en elDiario.es Castilla y León)

martes, 7 de septiembre de 2021

 El topillo

Las inconmesurables tragaderas de la consejera Casado y de su mentor el vicepresidente Igea

 Desde que en la tarde del lunes el presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, sorprendía a propios y extraños anunciando que el PP iba a apoyar la proposición socialista que pedía la retirada del llamado Plan Aliste, muchos daban por descontado que la consejera de Sanidad, Verónica Casado, estaba abocada a dimitir. Era la única salida honrosa ante lo que conllevaba dicho anuncio: la desautorización presidencial en toda regla de la de la reforma de la atención primaria que se han obstinado en imponer la consejera y su mentor, el vicepresidente Francisco Igea.

 Por su fuera poco, Ciudadanos, el socio de gobierno que en su día propuso el nombramiento de Casado, trataba de salir del trance a través de una enmienda que admitía la retirada de dicho Plan, con lo cual el grupo parlamentario naranja secundaba de facto dicha desautorización. A la consejera no le quedaba otro apoyo que el de su mentor, plenamente corresponsable, por no decir verdadero inspirador, de la nefasta gestión sanitaria de la Junta. Sobre esto último no ha podido ser más expresivo el titular colgado por “El Norte de Castilla” en su edición digital: “El PP de Mañueco vota con el PSOE para retirar la reforma sanitaria de Igea”.

Y aquí radica la explicación de las humillantes tragaderas de Verónica Casado. Como siameses que han sido desde que llegaron a sus cargos, si la consejera se iba, el vicepresidente-mentor estaba política y moralmente obligado a irse con ella. Y eso sí que no, es más fácil que el papa Francisco se declare ateo que su tocayo Igea renuncie voluntariamente a sus cargos en la Junta.

 De forma que en el hipotético supuesto de que a Casado se le hubiera pasado por la cabeza dimitir, su mentor le ha recordado su condición de siameses. Ante lo que ambos han optado por no darse por enterados de una clamorosa desautorización presidencial equivalente a mostrarles la puerta de salida. A estas alturas de Legislatura, Mañueco no está dispuesto a que la contumaz gestión sanitaria de la Junta le ocasione más desgaste al PP, y menos si proviene de una consejera y un vicepresidente políticamente amortizados que no cuentan ni siquiera con el respaldo orgánico del partido socio de gobierno. (Que nadie se engañe: aunque hayan votado diferente -Ciudadanos se abstuvo al no admitir el PSOE su enmienda- no ha habido ni hay crisis entre ambos socios, sino un insólito pulso entre el presidente y dos miembros de su gobierno).

  Buena muestra de ello es lo afirmado por Igea sobre el respaldo del PP a la proposición socialista que tumba el Plan Aliste, según él una iniciativa “llena de premisas falsas”. Mientras Mañueco se reunía al término de la sesión parlamentaria con el socialista Luis Tudanca confirmando el compromiso de negociar con el PSOE un pacto sanitario conforme a la proposición, el vicepresidente afirmaba que “es un error político pactar con el PSOE más sanchista”. Se presagian días de emociones fuertes.

7-Septiembre-2021

lunes, 6 de septiembre de 2021

Calma chica con un ojo puesto en Andalucía

 “Mientras yo sea presidente de Castilla y León aquí no se cierra una gatera”, proclamó con toda rotundidad, allá por los años noventa, el entonces titular de la Junta, Juan José Lucas. Lo hizo cuando el sector azucarero iniciaba un proceso de reestructuración industrial que amenazaba con cerrar más de la mitad de las plantas remolacheras ubicadas en la comunidad autónoma. Y con el tiempo vimos tanto a Lucas como a su sucesor en el Colegio de la Asunción asistir impávidos al cierre, una tras otra, de una decena de esas remolacheras. Eran alrededor de 15 y al final sobrevivieron las cuatro actuales. En localidades como Veguellina de Órbigo (León), Monzón de Campos (Palencia) o Peñafiel (Valladolid), esperan aún los proyectos alternativos prometidos para paliar la pérdida de empleo aparejada a esos cierres.

Alfonso Fernández Mañueco
 Viene a cuento lo anterior de lo manifestado la pasada semana por el actual presidente, Alfonso Fernández Mañueco, a propósito de la asistencia sanitaria, y más en concreto del grave deterioro de la atención primaria. “Mientras yo sea presidente, no se cerrará ningún consultorio”, ha proclamado. Una aseveración que ha causado el lógico estupor en cientos de poblaciones del medio rural, en los que sus respectivos consultorios llevan meses sin abrir sus puertas, muchos de ellos desde que sobrevino la pandemia. Naturalmente, la Junta no va a oficializar el cierre de ningún consultorio. No es que estén cerrados, es que no abren porque los profesionales sanitarios han dejado de prestar servicio en ellos. Y junto a ello el Sacyl mantiene a estas alturas el cribado telefónico de la atención presencial en los centros de Salud, rurales y urbanos, con el consiguiente deterioro de la calidad asistencial.

 Un brindis “déjà vu”.- Junto a esa tomadura de pelo de prometer que no cerrará lo que de facto ya está cerrado, el presidente de la Junta ha iniciado el curso con otro “déjàvu”: ofrecer a la oposición un pacto sobre los Presupuestos de la Comunidad para 2022. El mismo brindis al sol realizado el pasado año, en el que dicha oferta tan solo encontró receptividad en el procurador de “Por Ávila”, Pedro J. Pascual, el único que respaldó el primer Proyecto Presupuestario del gobierno bipartito PP-C´s (a cambio por cierto de unos compromisos de inversión que considera incumplidos).

 De entonces a ahora la diferencia es que en el trance de la fallida moción de censura socialista el gobierno Mañueco se dejó la mayoría absoluta, momento a partir del cual necesita al menos un voto ajeno para sacar adelante no solo unos nuevos Presupuestos sino cualquier otra iniciativa Legislativa. (En realidad, lo de los Presupuestos tampoco es lo más problemático, toda vez que si ninguna minoría se presta al mercadeo, se prorrogan las cuentas y santas pascuas).

Mayor preocupación causa en el Colegio de la Asunción la comisión parlamentaria de investigación sobre la gestión del Covid en las residencias de ancianos, cuya puesta en marcha han retrasado filibusteramente PP y Ciudadanos a la espera de fusionarla con la que, en un intento de desviar el foco hacia el gobierno central, solicitaron ambos grupos una vez que no pudieron volver a vetar la promovida por la oposición. 

Francisco Igea

 La “levedad” de 350 nuevos fallecimientos:- Devolver al primer plano de la actualidad la trágica situación vivida en las residencias de ancianos de Castilla y León, donde el Covid se ha cobrado 4.132 vidas -más de la mitad de ellas fallecidas en los propios centros residenciales- supone una gran contrariedad para el gobierno Mañueco, que viene afanándose en pasar cuanto antes la funesta  página política de la gestión sanitaria de la pandemia. Buena prueba de ello es la estremecedora forma en que ha valorado los efectos de esta quinta ola, que, a decir del vicepresidente y portavoz de la Junta, Francisco Igea, se ha salvado con “un leve aumento de la letalidad concentrado en las residencias de ancianos”. “La mortalidad evitable prácticamente no ha aumentado en la última ola”, ha señalado con una frialdad pasmosa.

 Lo cierto es que la quinta ola ha resultado en Castilla y León mucho más mortífera de lo que ha pretendido vendernos Igea. En julio fallecieron en los hospitales del Sacyl 70 enfermos ingresados por Covid, a los que se sumaron en agosto otros 200. Sumando a los anteriores los fallecidos en residencias o en sus propios domicilios, tenemos que la quinta ola se ha cobrado en nuestra comunidad más de 350 vidas durante estos dos últimos meses. Y la vacunación no ha impedido, en efecto, que el virus haya vuelto a resultar letal en residencias como la de Dueñas (Palencia) y El Barraco (Ávila), en las que sendos brotes generalizados se han cobrado la vida de 9 y 8 residentes.

 En lo político, Fernández Mañueco afronta el nuevo curso con la tranquilidad de tener garantizada su reelección como presidente del PP de Castilla y León en el próximo congreso autonómico del partido. Una vez que Pablo Casado dio marcha atrás en su inicial propósito de moverle la silla, el enfrentamiento entre Génova y la dirección autonómica ha ido remitiendo y se ha limado en los diferentes congresos provinciales, en ninguno de los cuales la sangre ha llegado al río. (Salvado el cisma interno en Soria, tan solo falta cerrar otro apaño similar que cierre la guerra de bandos en Salamanca, donde a esta fecha sigue sin convocarse el congreso).

Fernández Mañueco y Moreno Bonilla
Desinflada una segunda mocion.- La posibilidad de que Luis Tudanca, quien también tiene garantizada su reelección al frente del PSOE de Castilla y León, presente una segunda moción de censura en el plazo de que dispondría para hacerlo -entre marzo y mayo- se contempla ahora como una posibilidad muy remota. Sería un peligroso bumerán para el candidato socialista si la iniciativa no cuenta de antemano con los 41 votos necesarios, lo que requiere como mínimo el apoyo de dos de los 11 procuradores de Ciudadanos, todos los cuales sin excepción viven confortablemente aferrados como lapas al PP. Y ello sin contar con que, llegado el caso, Mañueco podría desbaratar la operación activando el botón de las elecciones anticipadas.

 Así las cosas, a la espera de que comience a llegar el maná de los fondos europeos de recuperación, la Junta seguirá contemporizando sin otro propósito que el del consabido parcheo coyuntural, sin afrontar ni por asomo los problemas endémicos que asolan sin remedio a Castilla y León, comenzando por la despoblación y la alarmante descohesión territorial, social y política. Y, por supuesto, sacudiéndose sus responsabilidades a base de endosar todos los males, pasados, presentes y futuros, al pérfido gobierno de Pedro Sánchez, que, según Mañueco, nos está escamoteando nada menos que otros mil millones de euros.

 Pero todo ello sin perjuicio de que Vox tense más de lo admisible la gobernabilidad en Andalucía, Moreno Bonilla se harte y el día menos pensado disuelva el Parlamento para convocar elecciones autonómicas anticipadas. Si ello se produce, sería altamente probable que, previo visto bueno de Génova, Mañueco aprovechara la ocasión para subirse al mismo carro con el argumento de que no dispone de mayoría absoluta. Con el electorado de Ciudadanos completamente fagocitado, sabríamos cuantos naúfragos del partido zombi consiguen su objetivo de ser rescatados por el PP.

(Publicado en elDiario.es Castilla y León)


El topillo

 Puente se blinda en el partido ante el deterioro de su imagen como alcalde

  Al igual que Luis Tudanca, que no ha tenido rival para afrontar su tercer mandato al frente del PSOE de Castilla y León, el continuismo es la nota dominante en el proceso abierto para renovar las estructuras provinciales del partido. Seis de los nueve secretarios provinciales repetirán en los congresos a celebrar el próximo diciembre al no encontrar nadie que les dispute el cargo en elecciones primarias.

Alfonso Cendón (León), Ester Peña (Burgos), Miriam Andrés (Palencia), José Luis Aceves (Segovia), Antidio Fagúndez (Zamora) y Luis Rey (Soria) tienen despejado el camino de su reelección. Tan solo al abulense Jesús Caro le ha salido contrincante en la persona de la alcaldesa de Navarrevisca y diputada provincial, Leticia Sánchez, quien cuenta entre otros apoyos con el de Mercedes Martín, ex Delegada del Gobierno de Castilla y León.

 El relevo es obligado en Salamanca, donde el secretario provincial, Fernando Pablos, no puede optar a la reelección al agotar el máximo de tres mandatos estipulado. Aunque en esta provincia el plazo para presentar candidaturas aún no ha comenzado, todo apunta a que el diputado nacional David Serrada sucederá a Pablos encabezando una candidatura de consenso.

 La sorpresa está a punto de confirmarse en Valladolid, donde el alcalde de la capital y Portavoz de la Ejecutiva Federal del PSOE, Óscar Puente, parece dispuesto a hacerse cargo de la secretaria provincial del partido. Según “Diario de Valladolid-El Mundo”, la decisión está tomada y asumida por el actual secretario, el senador Manuel Escarda, quien se resignaría a dejar paso al primer edil, que sigue contando con un abrumador respaldo entre la militancia.

Aunque se le reproche a Escarda una gestión de perfil bajo, resulta inevitable relacionar este paso de Puente con los “deslices vacacionales”  que han supuesto un evidente deterioro de su imagen pública como alcalde. Aunque de facto ya controlaba el partido, con su acceso a la secretaria provincial fortalece su posición interna en el PSOE de cara a las próximas elecciones municipales, en las que, salvo imponderables, optará a un tercer mandato en la Alcaldía.

6-Septiembre-2021


lunes, 26 de julio de 2021

Don Tancredo ve pasar la quinta ola

 “Sí, somos idiotas”. Esas fueron las palabras elegidas el pasado martes por el vicepresidente de la Junta, el sinuoso Francisco Igea, en busca de un titular periodístico que desviara la atención sobre la falta de coraje del gobierno de Alfonso Fernández Mañueco para hacer frente a la quinta ola de la pandemia. Una maniobra de distracción dialéctica marca de la casa para encubrir la temeraria pasividad de la Junta, que ha dejado que dicha ola se desbocara en nuestra comunidad -la segunda en tasa de incidencia tras Cataluña- adoptando a regañadientes unas medidas de escaso alcance, muy lejos de las impuestas por otras comunidades mucho menos atacadas por esta quinta ofensiva del virus.

Francisco Igea
  Igea no es ni se considera idiota. Lo que acostumbra es a tomarnos por idiotas a los demás, comportamiento muy habitual entre quienes se creen más inteligentes que el común de sus congéneres. El gobierno Mañueco ha vuelto a hacer lo mismo que en otros momentos críticos de la pandemia: evitarse al máximo cualquier desgaste político a costa de no adoptar las restricciones imprescindibles para contener la oleada de turno.

  Nada que ya no conociéramos. Recuérdense las fatídicas consecuencias de la tercera ola, en la que Castilla y León pagó muy caro el objetivo de “salvar las Navidades” que se impuso el presidente Mañueco. La desescalada previa y la laxitud de las medidas para prevenir la contagiosidad durante el periodo navideño ocasionaron una expansión vertiginosa del virus a lo largo del mes de enero, en el que la tasa media de incidencia se disparó hasta los 1.400 casos (más de 2.000 en las provincias de Segovia  y Palencia) y el número de hospitalizados por encima de los 2.400 (más de 300 de ellos en las UCI), con un saldo letal de entre 30 y 40 muertos diarios. Fue cuando la Junta, en otro descarado intento de eludir sus propias responsabilidades, se sacó de la manga el “creativo” adelanto en dos horas del toque de queda, luego tumbado con estrépito por el Tribunal Supremo.

 Con estos antecedentes, y difundidos unos sondeos según los cuales una mayoría de castellanos y leoneses aprueban su gestión frente a la pandemia, el gobierno Mañueco ha decidido tomarse esta quinta ola a beneficio de inventario. Buena gana de correr el coste político derivado de cualquier restricción si la mayoría de los ciudadanos nos otorgan una patente de corso para que hagamos lo que nos dé la gana o para que no hagamos nada. Esa es la reflexión del presidente de la Junta, quien a causa de esos mismos sondeos, se siente muy crecido frente a su vicepresidente, obligado a comer en su mano si pretende, como pretende, seguir en la pomada política.

La consejera Casado visitando un hospital
 Basta con analizar la secuencia de este último episodio. Al comenzar a arreciar la quinta ola, el domingo 4 de julio, con 200 casos de incidencia en Castilla y León, la consejera Verónica Casado convocaba de urgencia al Comité de sedicentes expertos que supuestamente asesoran a la Junta en materia epidemiológica. Y los susodichos plantearon dos opciones alternativas: Regresar al estado de alerta 2 en toda la comunidad o, en su defecto, clausurar por completo el ocio nocturno. En realidad, la consejera defendía otra medida más drástrica, nada menos que la reimplantación del toque de queda en toda España, y así lo defendió, sin encontrar apoyo alguno, en el Consejo Interterritorial celebrado el miércoles 7 en Madrid. Para entonces eran ya varias las comunidades autónomas que se disponían a proponer toques de queda acotados a las localidades con mayor incidencia en sus respectivos territorios.

 Pues bien, el jueves 8, con una incidencia ya en torno a los 300 casos, el Consejo de Gobierno de la Junta ignora olímpicamente las dos opciones propuestas desde el Comité de Expertos, limitándose a adelantar el cierre nocturno a las dos de la madrugada, a prohibir las pistas de baile y a reducir aforos en este tipo de establecimientos. O sea, nada en dos platos. Y a diferencia de otras comunidades autónomas, como Cataluña, la Comunidad Valenciana y Cantabria (estas dos últimas con mucha menor incidencia que Castilla y León), que se aprestaban a aplicar toques de queda restringidos a las localidades en situación más crítica, el gobierno Mañueco se mantenía de brazos cruzados mientras el índice de contagiosidad se desbocaba.

 El jueves 15, con la Incidencia por encima de los 800 casos, el Consejo de Gobierno descarta el toque de queda en la comunidad amparándose en un oportuno informe de los Servicios Jurídicos de la Junta, que, basándose en supuestos que no hacían al caso concreto, presumía que el TSJ no avalaría ese toque de queda restringido. Pero además de cerrarse a esa posibilidad -autorizada ya por los tribunales superiores de las mencionadas comunidades- la Junta no adoptaba otra medida que la de constituir un nuevo grupo de trabajo con el que ha terminado de ningunear al comité de los sedicentes y paniaguados “expertos” a los que ha venido instrumentando de la forma más grosera. Un supuesto grupo de trabajo cuya composición se niega además a revelar.

Alfonso Fernández Mañueco
 Con la incidencia a punto de alcanzar los 900 casos, Mañueco convocaba con urgencia un Consejo de Gobierno extraordinario el lunes 19 que, lejos de adoptar las medidas de choque que reclamaba la situación, se limitaba a volver a cerrar las barras de la hostelería, adelantar en otra media hora el cierre del ocio nocturno y a obligar a cerrar los parques públicos entre la una y las seis de la madrugada. De nuevo, una reacción tardía y absolutamente insuficiente. Que ha sido además la última, ya que no ha vuelto a tomarse ninguna medida ni se tomará una vez que con los 900 casos parece haberse alcanzado el pico de esta nueva ola, al que se ha llegado manteniendo el estado de alerta 1 en toda la comunidad como si aquí nada hubiera pasado.

 Y encima hay que soportar la impostura de Igea cuando dice que “somos idiotas” o afirma que “no se puede criminalizar a nadie por tener 19 años” (lo dice el mismo que el pasado 5 de febrero, en relación con los jóvenes reunidos en una plaza vallisoletana, colgó un “tuit” afirmando que “la UCI de Burgos aún tiene sitio para ellos”. Mañueco lo tiene muy claro e Igea y Casado tragan con ello:  Mientras no se colapsen las UCI ya puede subir la incidencia que, más allá de algunas medidas de baja intensidad con las que se simula que se hace algo, la Junta no adoptará restricciones que conlleven desgaste político. Y en las UCI permanecen ingresadas estos días 65 personas, menos de una cuarta parte de las que hubo el pasado mes de enero. A fin de cuentas, entre 11.100 y 11.200 muertos no es tanta la diferencia estadística.

Ya lo dijo el propio Mañueco el pasado mes de abril entrevistado en “El Mundo” por la periodista Lucía Méndez: “Las olas van y vienen, suben y bajan...”  Conforme a lo cual, emulando a don Tancredo, la Junta se ha limitado a contemplar cómo pasa la quinta ola. Y si viene la sexta, ya pasará.

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