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Cuando abrí este blog llevaba 30 años ejerciendo el periodismo en Castilla y León, todo ese tiempo siguiendo la actualidad politica regional y, en particular, las andanzas de las instituciones autonómicas. Una excitante experiencia que, después de un paréntesis técnico, vuelvo a compartir con quienes se dejen caer por aquí.

lunes, 23 de julio de 2018

Con el paso cambiado


Desde el punto y hora en que Mariano Rajoy convocó el obligado congreso para elegir a su sucesor, la cúpula del PP de Castilla y León se posicionó a favor de una candidatura única de integración que resolviera el trance sin necesidad de celebrar las elecciones primarias previstas en los Estatutos del PP. Pero bajo esa socorrida apelación a la unidad se adivinaba de lejos el miedo a una confrontación interna que pusiera a los dirigentes autonómicos y provinciales en el brete de tener que alinearse con alguno de los candidatos, con el consiguiente riesgo de apostar a caballo equivocado y quedar con el paso cambiado ante el nuevo presidente o presidenta del partido.


Ese propósito de no tener que retratarse se vino abajo cuando Alberto Núñez Feijóo, el único que a priori podía concitar esa candidatura unitaria, se arrugó y abocó a una guerra sin cuartel a las irreconciliables Soraya Sáez de Santamaría y Dolores de Cospedal, quienes, obsesionadas entre sí, no contaban en ese momento con la irrupción en escena de Pablo Casado, el tercero en discordia que a la postre se ha alzado con la victoria precisamente gracias a la lucha intestina librada entre ambas competidoras.

Fernández Mañueco y Martínez Maillo
Mientras la inmensa mayoría de los presidentes autonómicos y provinciales del partido se iban significando por algún candidato, unos en la primera fase de primarias y otros tras quedar apeada Cospedal, en Castilla y León el aparato del partido ha mantenido hasta el último instante su ficticia “neutralidad”. Tan solo uno de los nueve presidentes provinciales, el vallisoletano Jesús Julio Carnero, se salía del redíl y se decantaba, tras la votación del 5 de julio, por Sáez de Santamaría, quien, además de ser natural de Valladolid, había obtenido el refrendo mayoritario de sus paisanos compañeros de partido.

Con anterioridad, la presidenta de las Cortes, Silvia Clemente, había sido la única dirigente del PP de Castilla y León que se había desmarcado de la cúpula autonómica que encabeza Alfonso Fernández Mañueco, apostando en primera instancia por Cospedal y en la segunda y definitiva por Casado. Clemente confirmaba así su condición de “verso suelto” dentro de una dirección en la que mantiene crecientes roces con el “nucleo duro” de Mañueco, situación a la que no son ajenas sus públicas desaveniencias con el portavoz parlamentario popular, Rául de la Hoz.

Aparte de los dos citados, han sido contados los notables del PP de Castilla y León que se han alineado públicamente con alguno de los candidatos en liza. Los ex presidentes de la Junta -Juan José Lucas con Soraya; Jesus Posada, con Cospedal- han sido unas de esas escasas excepciones. Junto a ellos, algún que otro parlamentario nacional y el senador autonómico Ignacio Cosidó, integrante del equipo original del candidato que luego ha resultado ganador. Y en otro plano, la ex ministra de Agricultura y diputada por Madrid Isabel García Tejerina, quien siguiendo la consigna de su mentor, el inefable Arias Cañete, ha hecho campaña activa en Castilla y León sucesivamente a favor de Cospedal y Casado.

La supuesta neutralidad de Fernández Mañueco y sus afines quedaba abruptamente desmontada al escrutarse los votos emitidos por la militancia el 5 de julio. Los resultados registrados en Zamora (coto del coordinador general, Fernando Martínez Maillo), Salamanca (feudo de Mañueco) y Segovia (predio del secretario autonómico, Francisco Vázquez) no dejaban lugar a dudas. En las tres provincias barría espectacularmente Soraya y sufría un monumental descalabro su máxima oponente.

Isabel García Tejerina y Pablo Caasado
El resultado de Zamora no constituía ninguna sorpresa, ya que, pese ocultar su apuesta, era un secreto a voces que Martínez Maillo, tras haber roto con Cospedal, se había pasado al bando de la ex vicepresidenta. La duda era si en esa aventura le iban a seguir Mañueco y Vázquez, quienes hasta ahora habían sido uña y carne con la entonces todavía secretaria general del partido. Y el escrutinio de los votos emitidos en Salamanca y Segovia era prácticamente similar al de Zamora, evidenciando que Mañueco y los suyos había decidido secundar a Maillo, abandonando a su suerte a Cospedal.

Ante tan elocuentes resultados provinciales y el refrendo obtenido por Santamaría en el conjunto de la comunidad, lo natural hubiera sido que el presidente autonómico del partido se retirara la careta para posicionarse públicamente a favor de la ex vicepresidenta. Y a buen seguro así lo habría hecho, acogiendose al argumento del paisanaje, si el mano a mano final hubiera sido entre ella y Cospedal. Pero el pase a la final de Casado, palentino de nacimiento y diputado por Ávila, invalidaba ese argumento, máxime cuando además se había impuesto tanto en su provincia de origen como en la abulense.

Pero las cartas estaban marcadas y se desaparon a mediodía del sábado 21 cuando Santamaría y Casado desvelaron al plenario del congreso los nombres propuestos por cada uno de ellos para la nueva dirección nacional. Y hete aquí que, junto a Carnero, aparece en la lista de la vallisoletana el mismísimo secretario autonómico del partido, Francisco Vázquez, el número dos de Mañueco. Y a mayor abundamiento, Martínez Maillo abre la relación de notables elegidos por Santamaría para acompañarla en lo mas alto de su nuevo organigrama.

Silván y Herrera durante la jornada final del congreso
Y no menos reveladora resultaba la presencia en la lista de Casado del alcalde de León, Antonio Silván, el contrincante derrotado por Mañueco en las primarias autonómicas del pasado año. Dicha presencia venía a confirmar algo sospechado desde el primer momento: el alineamiento de Juan Vicente Herrera y sus afines con la candidatura de Casado, quien no por causalidad en su discurso final se dirigió al presidente de la Junta con el cercano apelativo de Juanvi. Todo un reflejo de la división interna que sigue anidando en el PP de Castilla y León a partir de la obligada bicefalia compartida entre Herrera y Mañueco.

Su subordinación al interés personal de Maillo ha conducido al presidente autonómico del PP a la tesitura que a toda costa quería evitar, la de haber apostado a caballo perdedor y no gozar de la confianza del nuevo presidente nacional del partido. Aunque se descarta que Casado mueva la silla de la candidatura a la presidencia de la Junta, la figura de Mañueco sale claramente debilitada a tan solo diez meses de las elecciones autonómicas y municipales. Por el contrario, Juan Vicente Herrera, que vagaba como alma en pena al frente de su gobierno zombi, ve reforzaba su posición para hacerse fuerte en la Junta hasta agotar su mandato, teniendo ahora en su mano la posibilidad de desalojar a Lucas -otro que ha equivocado su apuesta- del escaño de senador por la comunidad que el soriano ha creido siempre poco menos que vitalicio.

Paralelamente, tras la caída de Maillo, García Tejerina, aun siendo diputada por Madrid, emerge como la figura de referencia de Castilla y León en el PP nacional. Y atención a los candidatos a las alcaldías de las capitales de provincia, cuya designación, igual que las de las próximas listas al Congreso y a Senado, compete directamente a la dirección nacional del partido. Se teme que Casado, conocedor de primera mano de quien le ha apoyado y quien no en Castilla y León, obre en consecuencia.

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