domingo, 25 de octubre de 2026

La trastienda/ Los bueyes con los que ara Mañueco

 Comenté en mi anterior “trastienda” que en la calle Génova, donde la sede reformada por el PP con dinero en B, se habían detectado alarmantes síntomas de pánico ante la posibilidad de que, después de toda la iniquidad y venalidad atribuida a Sánchez y los suyos, escrutado el voto del 29-N resultara que el PSOE, con o sin los manoseados “nietos”, fuera el partido más votado, por delante del PP de Alberto Núñez Feijóo. Para que no cunda el pánico, me apresuro a decir que ello no supondría que Sánchez repitiera en la Moncloa, ya que ambas derechas, PP y Vox (la derecha extrema y la extrema derecha, tanto montan) seguirían sumando mayoría absoluta, aunque lejos de esos 210 escaños que le han estado atribuyendo muchas encuestas.

Alberto Núñez Feijóo y Cayetana Álvarez de Toledo
Pero las consecuencias de esa eventual victoria del PSOE sobre el PP serían catastróficas para un partido que en las elecciones de 2023 obtuvo 16 escaños y cerca de 350.000 votos más que los socialistas. Mientras que Sánchez, pese a perder el gobierno, disfrutaría de una derrota dulce, Feijóo, aunque acabara en la Moncloa, quedaría en una situación harto embarazosa. Y no está nada seguro de que pueda encontrarse ante ese trance: por si las moscas, en su aciaga entrevista en el “Hoy por hoy” de Aimar Bretos se ha apresurado a abdicar de su anterior postura favorable a dejar gobernar a la fuerza más votada.

Entrevistados en la prensa antisanchista, este domingo dos de los de las bazas electorales elegidas por Feijóo, la número dos en la lista de Madrid y el uno por Barcelona, aireaban torpemente en este temor. “Sánchez quiere que suba Vox para que pierda el PP”, aseguraba en “El Mundo” Cayetana Álvarez de Toledo. ”A Sánchez le interesa reforzar a Vox para debilitar al PP”, abundaba Xavier García Albiol. Cayetana y Albiol, dos de los perfiles más ultras del PP -Miguel Tellado y Ester Núñez completan el cuarteto de la bencina- para confirmar el intento, tan desesperado como inútil, de contener la sangría de votos que sufren los de Feijóo en beneficio de Vox.

Quien con ultras se encama....-  En Castilla y León, el PP de “Fonsi” Fernández Mañueco ha venido cruzando los dedos temeroso de que su socio ultra en la Junta contribuyera a apuntalar la clave de bóveda del discurso electoral de la izquierda: el previsible gobierno PP/Vox constituye una amenaza para las libertades y derechos democráticos, así como para el Estado de Bienestar (pensiones, Sanidad y Educación). El perfil “amable” del vicepresidente Carlos Pollán -nada parecido al de su antecesor en la Junta, el descerebrado Juan García-Gallardo)- limitaba en principio ese temor.

Alberto Díez Pico

Pero como decía “El Guerra” (Rafael, el torero cordobés, no Alfonso, el socialista hermano de su “enmano” Juan) “lo que no puede ser no puede ser y además es imposible”.

 Y así ha aparecido en escena el ultramontano consejero de Cultura, Alberto Díez Pico, para liarla parda pretendiendo instaurar una “censura previa” -no puede calificarse de otra forma lo de combatir un “adoctrinamiento ideológico”- en las escuálidas ayudas que la Junta destina a la producción cinematográfica. Simultáneamente, la Fundación “Siglo”, el chiringuito habilitado en su día por la Junta para manejar a su antojo gran parte de la tajada su presupuesto en materia cultural, cancelaba con falsarias excusas la representación de la obra sobre García Lorca “Federico. No hay olvido ni sueño: carne viva”, prevista en una de las salas del centro “Miguel Delibes”. Dos episodios que lógicamente Pedro Sánchez y el Frente Amplio no han dejado pasar por alto en sus mítines de precampaña.

  Por si fuera poco, en vísperas de la inauguración de la Seminci, el infausto consejero de Incultura lanzaba un amenazador dardo contra un festival de contrastado prestigio y reconocimiento internacional. Dice Díez Pico que la Seminci “tiene mucho que mejorar en materia de neutralidad ideológica”, otro dislate de tal calibre que ha obligado al alcalde de Valladolid, Jesús Julio Carnero, quien debe el cargo y gobierna con Vox, a salir en defensa del Festival. Por su parte, Mañueco ha callado como si la cosa no fuera con él, dejando el marrón al consejero-portavoz, Carlos Fernández Carriedo, no en vano “ese-eterno-chico-bien-mandado-que-vale-igual-para-un roto-que-para-un-descosido”. Y Carriedo, como suele, ha tratado de justificar lo injustificable tomándonos a todos una vez más por imbéciles.

Ester Muñoz, Alfonso Fernández Mañueco y Miguel Tellado
 Un ultra con pasado en la Junta.- Ocurre que Díez Pico, jurídico de la Armada, tiene pasado en la anterior “cohabitación” del PP y Vox. Era nada menos que el secretario general (número dos) de la Consejería de Empleo, y por ende corresponsable, de la tormentosa gestión perpetrada entonces por otro descerebrado político de primera, el inefable Mariano Veganzones, quien por cierto ha sido rehabilitado por Vox y disfruta ahora, en su condición de de actual procurador, de una dedicación exclusiva de las que corresponden al grupo parlamentario ultra de las Cortes (más de 100.00 euros brutos/año).

 En declaraciones realizadas el pasado marzo tras ser designado por Vox número uno de la candidatura autonómica por Valladolid, Pico reivindicaba así la gestión de Veganzones: “Cuando salimos del gobierno, el PP deshizo todo lo que había hecho Vox. Fue un cobarde”. Con estos bueyes ara “Fonsi” en la Junta.

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