“No nos podemos meter en un lío. No podemos depender de quien quiere volver atrás o chantajearnos o meter los palos en la rueda” (sic). No ha podido ser más explícito Juan Manuel Moreno Bonilla en la apertura de la campaña electoral andaluza. Apelación directa a un respaldo en las urnas que le permita mantener la mayoría absoluta sin necesitar el respaldo de Vox. Una dependencia de la ultraderecha que para el aspirante a repetir como presidente andaluz suponerse meterse en el “lío” de verse sometido a un chantaje político que desembocaría en un retroceso en políticas y derechos sociales.
O, dicho de forma apócrifa, mensaje nítido al electorado andaluz: “Necesito disponer de la mayoría absoluta, so pena que tengamos que pasar en Andalucía por las mismas horcas caudinas que ha pasado el PP en Extremadura y Aragón”. Y ya sabemos hasta dónde han tragado María Guardiola y Jorgé Azcón para repetir en sus poltronas. (Las tragaderas de ambos han sido inconmesurables, pero en el caso de la presidenta extremeña su claudicación ha resultado patética).
Feijóo, Moreno y Mañueco
Y
ante este “lío” mismo, aderezado con el sintagma “prioridad nacional”, está “Fonsi”
Fernández Mañueco, que tras el acuerdo alcanzado con Vox para controlar la
Mesa de las Cortes, ha desbrozado el camino para volver a gobernar la Junta en
comandita con la ultraderecha, tal como hizo tras las elecciones de 2022 hasta
que Santiago Abascal ordenó a los suyos abandonar sus responsabilidades
en la Junta (que no en las Cortes y en ayuntamientos como el de Valladolid).
Hablando de tragaderas, todo apunta a que las de Mañueco van a ser casi tan superlativas como las de Guardiola. No solo se va tener que tragar sin rechistar el célebre “burruño” con las exigencias planteadas por Vox en junio de 2024, lo que ya de por sí constituye un ejemplar adulto de “Phyllobates terribilis”, el sapo mas venenoso del mundo.
Al “burruño” se va a sumar
Azcón y Guardiola, contentos y felices
todo lo que ha ido añadiendo el partido de
Abascal desde entonces, que no ha sido solo lo de la “prioridad nacional” y las
imposiciones en materia de inmigración. Están el rechazo expreso al convenio
con Mercosur (apoyado por el PP español en el Parlamento Europeo) y la
demonización del Pacto Verde europeo y de la Agenda 2030, tal como han asumido
el PP en Extremadura y Aragón (y antes en Valencia para poder relevar a Mazón sin celebrar nuevas elecciones).
A todo lo anterior se añade que Abascal tiene
pendiente pasar factura a Mañueco por lo que él consideró una afrenta a su
partido: aquella afirmación de que Vox sería capaz de “tirar a los inmigrantes
al mar”, que “Fonsi” deslizó en uno de los debates televisivos de la campaña
electoral en Castilla y León. Abascal es de lo que no olvidan ni perdonan, como
bien puede atestiguar la susodicha
Guardiola, que ha
pagado con su penosa
humillación su enfrentamiento personal con el líder de la ultraderecha durante la campaña electoral
extremeña. A Abascal le
sentó muy mal esa imputación y se lo ha recordado a Mañueco en unas recientes
declaraciones.
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| Pollán, vicepjresidenta de la Junta "in pectore", con Abascal |
Así las cosas, no habrá nuevo Gobierno PP-Vox en la Junta hasta el mes de junio, por lo que lo más probable es que la prórroga de los Presupuestos de 2024 (los pactados con el anterior gobierno de ambos partidos) se extienda durante lo queda de 2026. En el primer Proyecto presupuestario que presente el gobierno PP-Vox se constatará de forma contante y sonante el alcance del nuevo pacto pendiente de perpetrar entre ambas formaciones. Con toda lógica, los agentes sociales se han puesto este primero de mayo la venda antes de la herida. Pero no serán, ni mucho menos, los únicos damnificados.
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