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Cuando abrí este blog llevaba 30 años ejerciendo el periodismo en Castilla y León, todo ese tiempo siguiendo la actualidad politica regional y, en particular, las andanzas de las instituciones autonómicas. Una excitante experiencia que, después de un paréntesis técnico, vuelvo a compartir con quienes se dejen caer por aquí.

lunes, 16 de febrero de 2015

Un candidato con abultada mochila

 Que Juan Vicente Herrera estaba condenado a torcer su voluntad y presentarse una vez más -la cuarta- a la reelección era algo que no tenía vuelta de hoja desde hace meses. “Abocado a presentarse, Herrera entra en campaña”, titulábamos aquí después de que, a finales de noviembre, reuniera al comité ejecutivo autonómico del PP e insuflara ánimos a la nutrida nómina de altos cargos del partido en Castilla y León.


“Por muy firme que fuera su voluntad de cerrar una etapa que se prolonga ya durante 14 años, y aunque sea a su pesar, a estas alturas a Herrera no le queda otro remedio que volver a presentarse. No anunció su retirada a tiempo -sin duda esperando que Rajoy le ofreciera una salida- y hacerlo ahora, a tres meses de las elecciones, sería interpretado como una espantada”, reiterabamos el pasado 26 de enero.

Mariano Rajoy y Juan Vicente Herrera
 En realidad, después de dos años mareando la perdiz, Herrera hace meses que había dado marcha atrás en su intención de echarse a un lado y dejar paso a otro candidato del PP a la presidencia de la Junta. “Lo difícil en la política no es llegar, sino irse” dijo hace cuatro años, cuando ya se presentó a regañadientes, dejando claro desde el principio que no habría una próxima vez. “Algunos tenemos mas pasado que futuro”, ha repetido después en numerosas ocasiones.

 Y por mucho que pretenda hacer de la necesidad virtud y apele al sentido de la responsabilidad, lo cierto y verdad es que no ha tenido el coraje personal de ser fiel consigo mismo y de aplicarse la renovación que él mismo propugnaba. Si su determinación era irse, bastaba con haber anunciado con suficiente antelación su salida, como hizo el presidente de Murcia, Ramón Luis Valcárcel, o la alcaldesa de Madrid, Ana Botella. No lo hizo, dejo pasar el tiempo a la espera de pactar su relevo con Rajoy y Rajoy le dado largas no dejándole otra opción que la de tragar otra vez con la candidatura.

 Entre tanto, el grupo parlamentario popular -que él mismo preside- tuvo la impostura de proponer y aprobar en solitario en las Cortes unas engañosas propuestas de regeneración democrática y lucha contra la corrupción que incluían, entre otros varios brindis al sol, el de limitar los mandatos del presidente de la Junta. “Después de proponer eso, y llevando 14 años en el cargo, está claro que Herrera no puede volver a presentarse”, pensó más de un ingenuo, como si fuera a ser la primera vez que Herrera incumple algún compromiso.

 En su descargo, podía haber pesado el argumento de que, ante el desgaste general del PP, su candidatura es imprescindible para volver a ganar por mayoría absoluta las elecciones autonómicas. Argumento doblemente falaz. En primer lugar, porque las encuestas internas que maneja Génova, esas mismas pintan bastante mal para el partido en comunidades como Madrid y Valencia, no ponen en duda la mayoría absoluta en Castilla y León. Y eso sería independientemente de quien fuera el candidato. Porque esa es la segunda falacia: el supuesto tirón electoral de Herrera. Basta repasar la serie histórica de resultados en Burgos para comprobar que dicho “tirón” es completamente inexistente.

José Antonio de Santiago-Juárez y Tomás Villanueva
 Cualquier otro eventual candidato, fuera Alfonso Fernández Mañueco, Antonio Silván o Carlos Fernández Carriedo, conseguiría en su circunscripción original mayor plus de voto del que consigue habitualmente Herrera en Burgos. Y muchísima mas atractiva para el electorado hubiera resultado la candidatura de Rosa Valdeón, quién, aparte de gozar de mejor imagen y mayor credibilidad, no carga en su mochila con la abultada colección de fracasos y fiascos cosechados por la Junta en los últimos ocho años: Desde el desastre de las Cajas de Ahorro al agujero sideral del Hospital de Burgos, del despilfarro de las empresas públicas al desaguisado de la Ciudad del Medio Ambiente, de la sangría de la despoblación al "centímazo sanitario" y la multiplicación de la deuda publica, etc etc. etc.. Sin olvidar, por supuesto, los multimillonarios recortes de gasto social -cercanos a los 2.500 millones de euros-  que desde 2011 han ido deteriorado la calidad de la Sanidad y la Educación y han dejado reducidas a miserable calderilla las prestaciones reconocidas en la Ley de la Dependencia.

  Así pues, si se cumple el pronóstico, Herrera se herederá en mayo nuevamente a sí mismo y, si de su quebradiza voluntad depende, introducirá, en plan Lampedusa, los mínimos cambios imprescindibles para que todo siga igual.  Mientras se da por hecho que reincorporará a la mencionada Valdeón al frente de una importante consejería, a priori únicamente son dos a los consejeros que pueden darse por amortizados. Uno es Tomás Villanueva, quien tras 20 años como consejero, pide a gritos un merecido descanso (ninguno tan relajante y seguro como que el que encontraría en el escaño de senador autonómico del que será desalojada María Jesús Ruíz). El otro es Juan José Mateos, quien anunció hace tiempo su deseo dejar de ser consejero al término de esta legislatura.

Alicia García y Miguel Ángel García Nieto
 No parece probable que Herrera acceda a la “permuta” que pretende forzar el PP abulense al proponer como candidata a la Alcaldía de Ávila a la consejera de Cultura, Alicia García. Tras la resistencia del actual alcalde, a volverse a presentar, se adivina a la legua la aspiración de Miguel Ángel García Nieto de ser el consejero abulense del próximo gobierno de la comunidad.

 A lo que sí accedería Herrera -faltaría más, tratándose de la mano que mece su cuna-diván- es a la hipotética pretensión del consejero de la Presidencia, José Antonio de Santiago-Juárez, de autopropulsarse hacia la presidencia de las Cortes. La operación permitiría al presidente de la Junta nombrar otro “número dos” (oficial u oficioso) en clave de sucesión, al tiempo que el susodicho, además de mantener casi intacta su posición de influencia, quedaría blindado ante la eventualidad de que Herrera tuviera ocasión de hacer mutis por el foro antes de finalizar la siguiente legislatura. Atención a la jugada.