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Cuando abrí este blog llevaba 30 años ejerciendo el periodismo en Castilla y León, todo ese tiempo siguiendo la actualidad politica regional y, en particular, las andanzas de las instituciones autonómicas. Una excitante experiencia que, después de un paréntesis técnico, vuelvo a compartir con quienes se dejen caer por aquí.

lunes, 22 de septiembre de 2014

El erróneo cálculo de Villarrubia

  Reconducidas las pulsiones internas en el PSOE de Castilla y León hacia el actual mano a mano entre Julio Villarrubia y Luis Tudanca, el pronóstico de la confrontación se presentaba a priori bastante incierto. La profunda división de la militancia socialista de Castilla y León quedó patente el pasado 13 de julio, cuando cerca de un 46 por ciento de los votantes apoyaron a Eduardo Madina, algo mas de un 39 por ciento a Pedro Sánchez y el 15 por ciento restante a José Antonio Pérez Tapias.


Julio Villarrubia
El dato reflejaba el cisma del partido en la comunidad, fracturado en dos bandos, capitaneados por Óscar López y Julio Villarrubia, absolutamente irreconciliables. El primero había apostado en bloque por Sánchez y el segundo lo había hecho por Madina. Aquel resultado constituyó un inesperado revés para López, que ese día descubrió que él y los suyos estaban en franca minoría dentro del partido en Castilla y León. Con Izquierda Socialista también en su contra, el todavía secretario federal de Organización echó cuentas y llegó a la evidente conclusión que tenía perdida la batalla a librar por el liderazgo del partido en la comunidad. De ahí que López decidiera hacer mutis por el foro, no sin antes agenciarse el escaño de senador socialista por la comunidad.

 Villarrubia se quedó de pronto sin contrincante, a la espera de que el “lopecismo” designara un candidato que de antemano llevaba todas las de perder. La polarización del partido entre ambos bandos garantizaba la victoria al palentino, que ya acariciaba de nuevo la secretaría autonómica de la que fue desalojado abruptamente el pasado 30 de mayo.

 No contaba Villarrubia con que la irrupción en escena de Luis Tudanca iba alterar, y mucho, la correlación de fuerzas existente a mediados de julio. Ya comente aquí que Tudanca no surge como la “tercera vía” no contaminada que el mismo reclamaba en el mes de junio. Pero siendo evidente que su candidatura ha sido la tabla de salvación a la que se ha agarrado el  “lopecismo”, no es menos cierto que el diputado burgalés ha conseguido al mismo tiempo conectar con gran parte de la militancia no alineada con ninguno de los bandos. Incluso ha conseguido incorporar a su equipo a destacados militantes “damnificados” por López, caso del procurador vallisoletano Óscar Sánchez, incomprensiblemente apeado de las listas autonómicas en 2011.

 Los 3.373 avales que ha recopilado demuestran que el respaldo obtenido por Tudanca va mucho mas allá, en calidad y cantidad, de lo que representa el descabezado “lopecismo” (Pedro Sánchez obtuvo en julio 2.200). Y a Villarrubia, que ha sumado 2.80'9, ahora no le salen las cuentas. Su gran error de cálculo fue el de pensar que todos los que el 13 de julio votaron a Madina y a Pérez Tapias iban a respaldar en bloque su candidatura a la secretaria autonómica. Y seguramente hubiera sido así, si su rival en liza hubiera sido López. Pero éste felizmente ha desaparecido de escena y su rival ahora se llama Tudanca, el secretario provincial del PSOE en Burgos, donde por cierto Madina superó tanto en avales como en votos a  Sánchez.

Luis Tudanca
Y no es Burgos la única provincia en la que los avales revelan un vuelco respecto a la correlación de fuerzas de julio. Lo mismo ha ocurrido en Salamanca, provincia que, habiéndose decantado igualmente del lado de Madina, solo ha concedido ahora a Villarrubia la mitad de avales que obtuvo el diputado vasco. Justo al contrario de Tudanca, que casi ha triplicado el número de avales salmantinos obtenido en su día por Sánchez. Se desconoce que papel ha jugado el secretario provincial, Fernando Pablos, quien oficialmente no se ha posicionado de lado alguno, pero parece claro que la militancia salmantina apuesta mayoritariamente por Tudanca.

 Sin duda, este vuelco en los avales registrado en Burgos y Salamanca ha alterado el anterior equilibrio de fuerzas, mermando muy seriamente las posibilidades de Villarrubia, al que de poco le serviría haber sido el más avalado en Soria, la otra provincia donde el secretario provincial, Carlos Martinez, supuestamente no había tomado partido por ninguno de los candidatos. Pero lo peor para el palentino es que a través de los avales ya se ha pronunciado cerca del 60 por ciento del censo socialista. Y por muy elevada que sea la participación -el 13 de julio rondó justamente el 60 por ciento-, si se descuenta la abstención técnica, la ventaja de 564 avales con la que parte Tudanca resulta en la práctica extraordinariamente difícil de contrarrestar.

 Los cálculos de Villarrubia se han venido abajo sencillamente porque estaban basados en que su rival iba a ser el “prófugo” López. Pero Tudanca no suscita ese rechazo y ha tenido la habilidad de ir zafándose del abrazo del oso del “lopecismo”. Y al contrario que Villarrubia, no tiene ninguna responsabilidad en una guerra fraticida que ha dejado muchas heridas por restañar.

 Además de ello, Tudanca también tiene a su favor el factor generacional. No ha tenido tiempo de adquirir los resabios de la vieja política y se ajusta plenamente al perfil de los nuevos tiempos que encarna Pedro Sánchez. Tiene todo el tiempo por delante para armar una verdadera alternativa de gobierno en Castilla y León, ya que, aun perdiendo las elecciones en 2015, tendría la oportunidad de volver a ser candidato en 2019. Una apuesta de futuro que, después de más de 25 años ocupando cargos públicos y orgánicos, no está en condiciones de representar Villarrubia.