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Cuando abrí este blog llevaba 30 años ejerciendo el periodismo en Castilla y León, todo ese tiempo siguiendo la actualidad politica regional y, en particular, las andanzas de las instituciones autonómicas. Una excitante experiencia que, después de un paréntesis técnico, vuelvo a compartir con quienes se dejen caer por aquí.

lunes, 15 de septiembre de 2014

El espeso silencio sobre el futuro de Herrera

 A ocho meses de las próximas elecciones autonómicas, ninguno de los principales partidos ha despejado la incógnita sobre su candidato a la presidencia de Castilla y León. Bien es verdad que ello obedece a razones muy diferentes. Los socialistas, a los que la bicefalia ha terminado dejando descabezados, están inmersos en estos momentos en la elección de un nuevo líder que recomponga el partido en esta comunidad.


En poco más de dos semanas, el 4 de octubre, la militancia optará ente los dos candidatos en liza por la secretaría autonómica del partido. Ni que decir tiene que el ganador, sea Julio Villarrubia o sea Luis Tudanca, se convertirá automáticamente en el virtual candidato socialista a la presidencia de la Junta. Aunque dicha candidatura habrá de ser sometida al posterior proceso de primarias previsto en noviembre, no tendría ningún sentido que el perdedor de la secretaria general o cualquier otro militante disputara un mes después el cartel electoral al nuevo secretario autonómico. Así pues, el 4 de octubre el PSOE de Castilla y León tendrá líder y con él virtual cabeza de cartel a las autonómicas de 2015.


Ana Botella y José María Aznar
En el PP la designación de candidatos a cualquier tipo de elección sigue ateniéndose al tradicional “dedazo” de la dirección. No existe limitación de mandatos -siempre se han lamentado de aquel que se autoaplicó José María Aznar- y al presidente de comunidad o alcalde en ejercicio contrastado en las urnas (no ha sido el caso de Ana Botella) se le reconoce el derecho a concurrir a la reelección en cuantas ocasiones lo considere oportuno. Solo en el caso de que renuncie el que ésta, se plantea la correspondiente sucesión.

 Conforme a esta norma no escrita, a Juan Vicente Herrera, presidente de la Junta desde 2001 y ganador por mayoría absoluta de las autonómicas de 2003, 2007 y 2011, nadie le ha discutido en el PP su candidatura en el 2015. El debate sobre su sucesión lo provocó el mismo poco después de iniciada la actual legislatura, cuando empezó a prodigar declaraciones públicas dando a entender que el actual sería su último mandato. Las hemerotecas no dejan lugar a dudas. Otra cosa es que, temeroso de convertirse en lo que los americanos llaman “un pato mareado”, enfriara luego ese debate y adoptara una posición de ambigüedad de “ni sí ni no, sino todo lo contrario” que se ha prolongado hasta ahora.

El hartazgo político y personal de Herrera viene de lejos. Si por él hubiera sido ni siquiera se habría presentado en 2011, lo que hizo bastante a regañadientes y con la expectativa de ser relevado del cargo antes de concluir el vigente mandato una vez que Mariano Rajoy ocupara La Moncloa. Dicha expectativa no se ha cumplido y a estas alturas ya no se cumplirá, de modo que el actual presidente de la Junta no le habrá quedado más remedio que agotar la legislatura.

Juan Vicente Herrera
Las previsiones indicaban que por estas fechas Herrera pensaba despejar su futuro, aclarando si quiere volver a presentarse en 2015 o, si después de 14 años en el Colegio de la Asunción, cree llegada la hora de su relevo. La decisión estaba y está en sus manos y ni siquiera se ha visto condicionada por los resultados de las últimas elecciones europeas, que, si bien han encendido la luz de alarma en los principales ayuntamientos gobernados por el PP, no han puesto en peligro la mayoría absoluta con la que gobiernan los populares esta comunidad autónoma. No cabe la excusa de que un cambio de candidato pondría en peligro dicha mayoría.

¿Y a qué espera Herrera para despejar esa incógnita? Nadie lo sabe. La lógica indica que por el momento se mantiene en su idea de cerrar su etapa en la Junta, ya que de lo contrario no esperaría a zanjar la actual incertidumbre y anunciaría su decisión de volver a ser el candidato en 2015. Pero de otro lado están las fuertes presiones que flotan en el ambiente y que hacen mella en el quebradizo ánimo presidencial. Presiones no precisamente de su propio partido, sino de determinados ámbitos especialmente favorecidos que ven en la continuidad de Herrera la mejor garantía para seguir salvando sus cuentas de resultados.

 Con ese conflicto de intereses de fondo, la decisión puede posponerse mucho más de lo previsto, sobre todo después de que Rajoy haya sorprendido a propios y extraños señalando que no hay ninguna prisa para designar los candidatos del PP a las próximas elecciones municipales y autonómicas. Hasta el punto de apurar los plazos legales, como ya ocurrió en las pasadas europeas como Miguel Arias Cañete.

Pudiera ser que el candidato socialista, sea Tudanca o Villarrubia -la Junta preferiría descaradamente al segundo, al que tiene muy tomada la medida desde el desdichado “pacto de la Coronita”- tarde todavía unos cuantos meses en conocer al contrincante electoral del PP. Una dilación que juega muy a favor de ese sindicato de intereses alineado en el  “Juanvi, quedáte”, que confía en que, con las elecciones a la vuelta de la esquina, Herrera claudicará y volverá a sucederse a sí mismo en el cartel electoral del PP.  

 El paso del tiempo favorece esa estrategia y, comenzado el nuevo curso político, empieza a resultar sospechoso el espeso silencio mediático en torno al futuro de Herrera. Como si alguien hubiera extendido la consigna de que no conviene hablar sobre el asunto...