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Cuando abrí este blog llevaba 30 años ejerciendo el periodismo en Castilla y León, todo ese tiempo siguiendo la actualidad politica regional y, en particular, las andanzas de las instituciones autonómicas. Una excitante experiencia que, después de un paréntesis técnico, vuelvo a compartir con quienes se dejen caer por aquí.

lunes, 17 de octubre de 2016

La huida hacia adelante de Juan Vicente Herrera

   Mientras en el PSOE las espadas siguen en todo lo alto, con el partido fracturado en dos bandos abocados a otro enfrentamiento a cara de perro en el próximo Comité Federal, en el PP de Castilla y León las aguas no bajan precisamente tranquilas. En realidad bajan muy revueltas desde muchísimo antes de que los socialistas iniciaran su actual proceso de autocombustión. La diferencia es que, a diferencia del PSOE, donde los cuchillos vuelan a la vista de todos, las luchas intestinas en el PP se producen de forma soterrada, sin que apenas trascienda a la opinión pública.


A través el “caso Valdeón” ha aflorado tan solo la punta del iceberg de esa guerra soterrada que libran Juan Vicente Herrera y su agradecida guardia pretoriana aposentada en la Junta frente a otros notables del partido -entre otros, la mayoría de los presidentes provinciales- que, no comulgando con la “autocracia herrerista”, mantienen su lealtad hacia la dirección nacional del partido. Las diferencias vienen de lejos, pero se han ido agudizando a partir de tres hitos: el resultado de las elecciones autonómicas de 2015, la posterior llegada a Génova del zamorano Fernando Martínez Maillo como vicesecretario general de Organización y todo lo que ha rodeado al citado “caso Valdeón”.

José Antonio de Santiago-Juárez y Juan Vicente Herrera
  La huida hacia adelante con la que Herrera ha rellenado el triple agujero dejado en la Junta por Valdeón trae cuenta de aquel amago de espantada  protagonizado por el entonces presidente de la Junta tras perder la mayoría absoluta con la que venía gobernando desde febrero de 2001, mes y año en el que Juan José Lucas hizo mutis por el foro y le cedió el despacho del Colegio de la Asunción y la vivienda de la acera de Recoletos. Nadie sabe si Mariano Rajoy atendería el consejo de mirarse al espejo, pero lo que sí consta que hizo fue decirle a Herrera que, si su deseo era renunciar a la investidura, en su derecho estaba de hacerlo, pero que se olvidara de proponer a ningún sucesor o sucesora, ya que esa era competencia exclusiva de la dirección nacional del PP. Y a partir de aquella conversación empezó un antes y un después en la relación entre ambos.

 Aquella rabieta infantil (“apechusque” la ha llamado un comentarista) también le sirvió al presidente de la Junta y del PP de Castilla y León para comprobar que había dejado de contar con la adhesión incondicional de los presidentes provinciales del partido, varios de los cuales estaban ya más que hartos del “fuego amigo” financiado, chequera mediática en ristre,  desde las propias arcas de la comunidad. De hecho, desde entonces -mayo de 2015- Herrera se ha cuidado muy mucho de no volver a reunir a los presidentes provinciales, máxime después de que uno de ellos, el mencionado Martínez Maillo, fuera nombrado poco después nada menos que vicesecretario de Organización del PP, oficioso número tres de la calle Génova.

Mariano Rajoy y Fernando Martínez Maillo
 Esa huida hacia adelante del presidente autonómico comenzó en realidad con el nombramiento como vicepresidenta de la Junta de la ex consejera de Familia y ex alcaldesa de Zamora, cuya tormentosa relación con Martínez Maillo era ya sobradamente conocida. Y ha proseguido precisamente con el  elegido para sucederla en la vicepresidencia de la Junta, el inmarcesible José Antonio de Santiago-Juárez, en no poca medida causante de la creciente discordia existente entre Herrera y buena parte de los presidentes provinciales. Y por si fuera poco, el nuevo consejero de Empleo, Carlos Fernández Carriedo, y el nuevo portavoz parlamentario, Juan José Sanz Vitorio (este último designado a dedo por el presidente, saltándose por el forro los estatutos del PP), se habían distinguido por su agresiva respuesta a las declaraciones de la coordinadora provincial del PP de Zamora, Mayte Martín Pozo, señalando que lo coherente sería que Valdeón renunciara asimismo a su escaño de procuradora.

 La quimera de la sucesión.-  En consecuencia con dicha huida hacia adelante, la sucesión de Herrera como presidente de la Junta se me antoja cada vez más quimérica. Lo lógico es que se gestara con ocasión del próximo congreso autonómico del partido, a convocar inmediatamente después del congreso nacional aplazado hasta la formación de un nuevo gobierno. Pero si, como todo apunta, Rajoy es finalmente investido para un nuevo mandato, va de suyo que en dicho congreso será reelegido presidente nacional del partido, con lo que Martínez Maillo se mantendrá como hombre fuerte en la calle Génova (si es que no hereda la secretaría general que abandonará Dolores de Cospedal para hacerse cargo de un ministerio).

Antonio Silván y Alfonso Fdez. Mañueco
 En esa tesitura, sería Martínez Maillo y no Herrera el encargado de tutelar la sucesión, ante lo cual la reacción del segundo puede ser precisamente la de mantenerse en el cargo y agotar su mandato hasta 2019. Incluso aunque ello sea a costa de dar lugar a una bicefalia en el PP de Castilla y León, ya que en el congreso autonómico Herrera no tendrá mas remedio que ceder la presidencia del partido que viene ocupando desde octubre de 2002.

 Aparte del enconamiento entre ambos bandos internos, hay dos factores de peso que juegan a favor de prolongar el “herrerato” hasta el final de la legislatura. Uno, ya comentado anteriormente aquí, es la presión a ejercer por la mano que mece la cuna-diván presidencial,  De Santiago-Juárez, quien no va a resignarse a disfrutar tan solo unos meses de la vicepresidencia y va a hacer lo imposible por evitar el relevo en el Colegio de la Asunción.
 El otro factor, tampoco nada baladí, es que, ante el horizonte judicial del doble caso Perla Negra-Polígono de Portillo y de la “trama eólica” (esta última todavía en fase de investigación por la Fiscalía Anticorrupción), cabe pensar que Herrera habrá llegado por sí mismo al convencimiento de lo mucho que le conviene mantener el aforamiento que le proporciona el cargo de presidente de la Junta.

Si yo estuviera en el lugar de Alfonso Fernández Mañueco y de Antonio Silván, los presuntos aspirantes, me iría olvidando de cualquier expectativa de acceder a la presidencia de la Junta antes de las elecciones de 2019.