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Cuando abrí este blog llevaba 30 años ejerciendo el periodismo en Castilla y León, todo ese tiempo siguiendo la actualidad politica regional y, en particular, las andanzas de las instituciones autonómicas. Una excitante experiencia que, después de un paréntesis técnico, vuelvo a compartir con quienes se dejen caer por aquí.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Herrera, un presidente a verlas venir

  En rigor no cabe decir que el nuevo gobierno de Mariano Rajoy haya defraudado las expectativas de la Junta de Castilla y León, cuyo presidente y a la vez máximo responsable del PP de la comunidad, Juan Vicente Herrera, hace tiempo que no goza de la menor influencia ni en La Moncloa ni en la calle Génova. Tras su distanciamiento de Rajoy, sus desencuentros con Soraya Sáez de Santamaría y su gélida relación con María Dolores de Cospedal, Herrera no tenía la menor posibilidad de influir en el “casting” ministerial. Su nula capacidad de influencia en Madrid quedó patente con ocasión de las candidaturas del PP a las pasadas elecciones generales, cuando fracasó estrepitosamente en su intento de colocar como cabeza de lista por Valladolid a la ministra de Agricultura, Isabel García Tejerina, quién volvió a repetir como número tres por Madrid.


Pablo Casado y Juan Vicente Herrera
 Sin capacidad alguna de maniobra. Herrera conocía la composición del gobierno a la misma hora que el resto de los españoles (todo lo más, es posible que minutos antes recibiera una llamada de García Tejerina comunicándole que Rajoy le acababa de confirmar su continuidad en el palacio de la glorieta de Atocha). Y como adelantaba el viernes “El topillo”, veía frustradas sus dos grandes esperanzas: la caída del vilipendiado Cristóbal Montoro y la incorporación al banco azul del diputado por Ávila, aunque palentino de nacimiento, Pablo Casado, vicesecretario de Comunicación del PP y el único miembro de la cúpula nacional del partido que mantiene una relación fluida con el presidente autonómico.

 Para desgracia de Herrera y de su guardia pretoriana en el gobierno que preside, Montoro sigue siendo el ministro de Hacienda y por tanto el máximo interlocutor  (y no, como se pretende confundir, la vicepresidenta y ahora también titular de Administraciones Públicas) en todo lo concerniente a la financiación autonómica, materia en la que ha venido manteniendo continuas y sonoras broncas con la Junta.

“Estamos esperando el santo advenimiento, pero el señor Montoro está tan entretenido haciéndonos la vida imposible a las comunidades autónomas, que no sabemos cuánto se retrasara”, decía Herrera en febrero de 2014 a propósito de la polémica entre ambas administraciones sobre el cumplimiento del objetivo de déficit. Y más lejos llegó la bronca a finales de ese mismo año, cuando el presidente de la Junta acusó al ministro de “mentir de forma descarada” en torno a los efectos de la quita de intereses acordada por el ministerio.
Montoro y Sáez de Santamaría
 Una tormentosa relación atizada, como no podía ser de otra forma, por el entonces portavoz de la Junta, el ahora vicepresidente José Antonio de Santiago-Juárez, quien, tras acusar a Montoro de dedicarse a “pisar callos” con sus continuas “ocurrencias”, pidió al ministro que “nos deje en paz”.

 De otro lado, presentar a la vicepresidenta Sáez de Santamaría como aliada de la Junta en la presunta defensa de los intereses de Castilla y León indica una notable falta de memoria, si es que no una manifiesta impostura. Para empezar, la vicepresidenta ha tenido siempre dentro de su círculo más próximo a Montoro, sin que ello haya impedido las continuas desavenencias entre el ministro de Hacienda y el gobierno Herrera. Y no digamos ya si hablamos de la minería, objeto de la superlativa bronca mantenida entre la Junta y el anterior gobierno de Mariano Rajoy, conflicto en el que la vicepresidenta se puso completamente de perfil, sin defender en ningún momento las reivindicaciones de la Junta frente al nefasto José Manuel Soria.

Para acabar de rematarlo, Sáez de Santamaría pegó toda una espantada en la campaña electoral de las autonómicas de 2015, en la que, avisada de la protesta que pensaban protagonizar los mineros, alegó una súbita e imaginaria indisposición para quitarse de en medio y dejar colgado a Herrera en el mitin programado en la capital leonesa. A la vista de tales antecedentes, y tratándose de una diputada por Madrid, apañada puede estar Castilla y León si espera que la vicepresidenta se vaya a transformar ahora en adalid de los intereses de esta comunidad.

Dolores de Cospedal, Mariano Rajoy y Fernando Mnez.Maillo
 Añádase a lo anterior que la entrada en el gobierno de Dolores de Cospedal tampoco constituye precisamente una buena noticia para Herrera y su guardia pretoriana, ya que, aunque se mantenga como secretaria general del PP, su tarea en el ministerio de Defensa deja como máximo responsable del día a día en la sede de Génova al vicesecretario de Organización, Fernando Martínez Maillo, la gran bestia negra del herrerismo.

 Puede que en el Colegio de la Asunción hubieran preferido´incluso que Maillo hubiera sido nombrado ministro con tal de que no siguiera siendo un firme aspirante a convertirse en el secretario general del partido en el congreso nacional a celebrar en febrero. Visto todo lo cual se comprenderá que el nuevo gobierno de Mariano Rajoy no haya despertado precisamente entusiasmo entre el presidente de la Junta y su agradecido entorno político y mediático.

Por su parte, los socialistas de Castilla y León parecen haberse dado una tregua a la espera de la próxima reunión de su Comité Autonómico, donde inevitablemente se reflejará la división existente en el partido. Mientras tanto, el secretario asutonómico del PSCL-PSOE, Luis Tudanca, ha sido, junto a sus homólogos de Baleares, País Vasco y Madrid, uno de los barones territoriales presentes en el congreso del Partido Socialista de Cataluña, al que la gestora federal teledirigida por Susana Díaz no ha tenido a bien enviar ningún representante. Dato este último harto revelador de la quiebra interna que vive la familia socialista.

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