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Cuando abrí este blog llevaba 30 años ejerciendo el periodismo en Castilla y León, todo ese tiempo siguiendo la actualidad politica regional y, en particular, las andanzas de las instituciones autonómicas. Una excitante experiencia que, después de un paréntesis técnico, vuelvo a compartir con quienes se dejen caer por aquí.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Abocado a presentarse, Herrera entra en campaña

 Seis meses después de las elecciones europeas, el pasado viernes se reunía por fin el comité ejecutivo autonómico del Partido Popular de Castilla y León. Y oido el discurso de Juan Vicente Herrera, no lo hacía para realizar una autocrítica sobre el batacazo electoral sufrido por el PP en dichos comicios, ni tampoco sobre el creciente descrédito ciudadano del partido que gobierna. Lo hacia para insuflar ánimos a sus alicaídas huestes, cargando contra los socialistas -que les han negado cualquier credibilidad en materia de regeneración democrática y lucha contra la corrupción- y también contra Podemos, cuya irrupción infunde en el PP  de Castilla el temor a un vuelco electoral con el que hasta ahora nadie contaba.


Juan Vicente Herrera en su discurso del pasado viernes
 Es sabido que el desplome electoral de mayo disparó las alarmas en el PP, que comenzó a ver en serio peligro la mayoría absoluta en muchos ayuntamientos y puede que también en alguna de las Diputaciones provinciales. Pero la caída no era en todo caso de la suficiente dimensión como para hacer peligrar la mayoría absoluta en las Cortes y por ende el gobierno de la comunidad. 
Realizada la pertinente extrapolación, pese a perder 10 de sus 53 procuradores, seguía conservando esa mayoría. Y por muy mal que se dieran las cosas, como mucho la perdería por los pelos, siendo harto difícil que las otras cinco fuerzas con eventual representación parlamentaria en mayo (PSOE, IU, UPyD, Podemos y UPL) constituyeran un frente común para desalojar al PP de la Junta.

 El PP pensaba que el de mayo había sido el peor de los escenarios posibles, confiando en que el partido comenzaría a remontar posiciones tan pronto se consolidara y percibiera la incipiente recuperación económica. Sin embargo, lejos de levantar cabeza, la imagen del PP ha seguido deteriorándose, tanto por los demoledores efectos sociales de desigualdad y pobreza que siguen produciendo sus políticas, como por la nueva cascada de casos de corrupción en los que se ha visto envuelto.

Aunque no se conoce ningún sondeo de voto en el ámbito autonómico, en el PP de Castilla y León ha empezado a cundir el desasosiego ante la posibilidad de perder la mayoría absoluta en las próximas elecciones autonómicas. Así lo delatan los extraños, torpes y nerviosos movimientos que viene realizando en las últimas semanas. Por ejemplo su propuesta de reducir el número de procuradores de las Cortes, que, además de resultar inviable, contradice la posición mantenida por el propio Herrera cuando María Dolores de Cospedal perpetró dicha medida para blindar el bipartidismo y garantizarse la mayoría absoluta en Castilla-La Mancha.

Pablo Iglesias en la asamblea constituyente de Podemos
 En su discurso del pasado viernes ante el comité autonómico del PP, Herrera admitió implícitamente ese temor a perder la mayoría absoluta en las próximas elecciones autonómicas. “No aspiran a ganar, aspiran a articular una alternativa de perdedores (…) Su único objetivo, su única obsesión y su única estrategia será privar a la comunidad de una mayoría absoluta del PP”, dijo en referencia al PSOE de Luis Tudanca. Y todavía más significativas resultan sus arremetidas contra Podemos, fuerza a la que hasta ahora había venido despreciando con el más absoluto de los silencios. Con esos ataques, Herrera ha otorgado al partido de Pablo Iglesías el rango de adversario electoral del PP. Alguna razón tendrá.

  Desde que saltó la “operación Púnica”, el nerviosismo del PP de Castilla y León ha sido patente. En su obsesión por preservar a la Junta de cualquier sombra de sospecha con esa trama montó el número de esas comparecencias exprés de los consejeros, que la postre no han hecho otra cosa que sembrar dudas sobre el caso. Y más cuando al tiempo de opone a la comisión de investigación solicitada por el grupo socialista para poder examinar a fondo todos los contratos -no solo los de Cofely, que también, adjudicados por la Junta a empresas vinculadas en la trama.

Al igual que Mariano Rajoy en el Congreso de los Diputados, el PP se ha quedado solo en las Cortes de Castilla y León con sus sobrevenidas y engañosas propuestas de regeneración democrática y lucha contra la corrupción, que constituyen todo un ejercicio de simulación sin el menor resultado práctico. Herrera puede ponerse todo lo digno que quiera, pero su credibilidaden la materia es exactamente la misma que la de Rajoy. 
Su tibieza ha sido siempre tal que ha sido necesario que el presidente de la Diputación de León ingresara en prisión para que el PP de esta comunidad adoptara medidas contra un cargo público imputado judicialmente en un presunto caso de corrupción. Y ahora mismo están imputados un procurador del PP y un director general de la Junta sin que el partido haya tomado ninguna medida sobre ellos.

José Manuel Méndez, ex alcalde de Arroyo
En las fonotecas está la defensa que en su día hizo Herrera de José Manuel Méndez, el ya ex alcalde de Arroyo de la Encomienda, condenado por el Tribunal Supremo a tres años de prisión por cohecho y prevaricación. Para el presidente regional del PP, la denuncia contra Méndez, entonces militante del partido, obedecía a la estrategia socialista de “poner en marcha el ventilador”.

 Por lo demás, Herrera ha querido mantener el suspense sobre si optará o no a un nuevo mandato, incertidumbre que solo él se encargó de crear al sugerir hace mas de dos años que esta sería su última legislatura. Hasta hace muy poco se mantenía firme en la idea de cerrar su etapa en la presidencia de la Junta y así se desprende de esa encuesta encargada por el PP nacional sondeando el grado de conocimiento de otros candidatos alternativos.

  Si en su momento hubiera anunciado su retirada, de la forma que lo ha hecho Ana Botella, su decisión hubiera sido irrevocable.  Pero no lo hizo y ahora se ve atropellado por unas circunstancias -el riesgo de que el PP pierda las elecciones autonómicas- que convertirían su renuncia en una especie de espantada, como quien abandona el barco antes de que se hunda. Esos tiempos que, según sus panegiristas tanto domina, le han jugado una mala pasada, y con la que está cayendo, Herrera esta abocado sin remedio a volver a presentarse en 2015. Aunque lleve 14 años en el colegio de la Asunción (22 en total sin bajarse del coche oficial) y se haya declarado partidario de limitar los mandatos del presidente de la Junta.