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Cuando abrí este blog llevaba 30 años ejerciendo el periodismo en Castilla y León, todo ese tiempo siguiendo la actualidad politica regional y, en particular, las andanzas de las instituciones autonómicas. Una excitante experiencia que, después de un paréntesis técnico, vuelvo a compartir con quienes se dejen caer por aquí.

lunes, 7 de diciembre de 2015

20-D: Batalla abierta en las 9 provincias

 A tenor de los distintos sondeos conocidos en los últimos días, el 20-D va a deparar una nueva correlación política en Castilla y León que hace tan solo unas semanas resultaba completamente imprevisible. Nada hacía sospechar que en poco más de seis meses los resultados de las pasadas elecciones municipales y autonómicas pudieran sufrir en esta comunidad una corrección del alcance que pronostican todas las encuestas.


Mariano Rajoy abriendo campaña en Ávila
 Con arreglo a aquellos resultados, pese al retroceso del bipartidismo, ni el PP ni el PSOE parecían expuestos a ningún cataclismo. En el peor de los escenarios el PP corría el riesgo de perder 4 de los 21 escaños del Congreso recolectados en las generales de 2011 y los socialistas podían incluso mantener los 11 diputados conseguidos en esas elecciones. Podemos tenía claras opciones de obtener representación en Valladolid, León y Burgos, en tanto que Ciudadanos tan solo tenía a su alcance un escaño por Salamanca. En el resto de las provincias, que eligen tan solo tres diputados (excepto Soria, que solo cuenta con dos), el bipartidismo no estaba amenazado. Como tampoco en el Senado, donde el partido más votado siempre se anota tres senadores y la segunda fuerza política obtiene el cuarto.

 Sin embargo, el deterioro del bipartidismo no había tocado fondo en mayo, lo que unido a la eclosión registrada por Ciudadanos a partir de las pasadas elecciones catalanas, ha convertido en papel mojado aquellas previsiones. Pese a la mediocridad de sus principales dirigentes y a la errática trayectoria de sus cargos públicos municipales y autonómicos, el partido de Albert Rivera ha entrado en liza en las nueve provincias, hasta el punto de que hay sondeos que le atribuyen un diputado por cada una de ellas. Y podría ser la segunda fuerza política en varias, lo que le reportaría el correspondiente escaño del Senado en las respectivas circunscripciones.

Pedro Sánchez durante una visita preelectoral a León
 En consecuencia, la batalla electoral ya no se limita a Valladolid, León, Burgos y Salamanca, como parecía hace un par de meses. El resultado es incierto incluso en Soria, que tan solo elige dos diputados y donde, según más de un sondeo, PSOE y Ciudadanos se disputan uno de los escaños (el otro en principio parece reservado, una vez más, al incombustible Jesús Posada, quien lo que va a tener más difícil de mantener es la presidencia del Congreso).

Y no es la única provincia en la que el PSOE corre el riesgo de quedarse sin representación parlamentaria en las Cortes Generales. Tanto el sondeo del CIS como el publicado ayer por Abc dejan a los socialistas sin el diputado que han obtenido por la provincia de Ávila en todas las elecciones generales celebradas desde 1979. El del CIS deja además en el aire el escaño socialista por Segovia y da por perdido uno de los dos diputados con los que ha contado siempre en Valladolid. El PSOE, que tampoco tiene asegurado su segundo diputado por León,  puede perder, si le vienen mal dadas, hasta cinco de los once diputados que sumó en 2011 en Castilla y León.

 Por el contrario, el PP parece lejos de sufrir una debacle de esa dimensión. Puede incluso que no pierda más que los cuatro escaños por Valladolid, León, Burgos y Salamanca señalados al principio, a los que, como mucho, podría sumarse otro en Segovia, donde pudiera ser que populares, socialistas y Ciudadanos se repartieran equitativamente los tres diputados en liza. Y los que no corren peligro son los 27 candidatos al Senado por el PP, que, al volver a ser primera fuerza política en las nueve provincias, se asegura ese pleno de senadores en la inane Cámara Alta.

Javier Rodríguez Recio
Segovia constituye la máxima prueba de que en estas elecciones generales (como probablemente en todas las anteriores) lo que prima es la cotización electoral de cada “marca” por encima de los candidatos que integran la respectiva lista. Ahí está el caso de Javier Rodríguez Recio, quien el pasado mes de mayo encabezó la candidatura autonómica de Ciudadanos, sin conseguir hacerse entonces con uno de los siete escaños de la provincia en las Cortes de Castilla y León. Seis meses después, todos los sondeos atribuyen a Rodríguez Recio uno de los tres escaños del Congreso que se ventilan en Segovia el 20-D. Más claro, imposible.

Por su parte, Podemos, pese a la recuperación que registra en las últimas semanas, ha visto reducidas las expectativas abiertas por el resultado de las pasadas elecciones autonómicas. Ahora se limitan a la posible obtención de un diputado por Valladolid y otro por León, habiéndose esfumado sus opciones de lograr un escaño por Burgos, donde, además de haber tenido que improvisar un candidato de última hora, compite con una candidatura de Unidad Popular -la encabezada por Manuel Alonso, líder vecinal de Gamonal- con notable tirón ciudadano.

 Entretanto, por más que el pandemónium de la campaña electoral distraiga la atención, la tozuda realidad sigue pintando muy negro el futuro de esta comunidad autónoma. Si en los últimos seis años, Castilla y León había acumulado una pérdida de población de 91.469 habitantes, que ya son más de los que quedan en toda la provincia de Soria, el avance oficial del padrón del primer semestre de 2015, lejos de contener la hemorragia, agudiza todavía más la sangría. Según el INE, Castilla y León encabeza la caída poblacional en dicho periodo, al perder otros 12.178 habitantes, nada menos que el 46 por ciento de todo el descenso de población (26.501 habitantes) registrado en toda España. El dato se comenta por sí solo.