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Cuando abrí este blog llevaba 30 años ejerciendo el periodismo en Castilla y León, todo ese tiempo siguiendo la actualidad politica regional y, en particular, las andanzas de las instituciones autonómicas. Una excitante experiencia que, después de un paréntesis técnico, vuelvo a compartir con quienes se dejen caer por aquí.

lunes, 16 de enero de 2017

PSOE: La batalla está servida

 La foto no puede ser más expresiva de la nueva batalla fratícida que se apresta a vivir -en realidad, vive, de manera mas o menos contenida, desde septiembre pasado- el Partido Socialista de Castilla y León. Susana Díaz  no se encontró por casualidad el pasado sábado con esa corte que la rodea mientras camina por la calle Ferraz hacia la sede federal del PSOE. Todos habían concertado una cita previa para escenificar ante los fotógrafos el “muy mucho” respaldo de los barones socialistas de esta comunidad a la lideresa andaluza.


Susana Díaz y sus más afines en Castilla y León
El leonés Tino Rodríguez y la palentina Miriam Andrés flanquean a Susana, formando una primera línea que completan el segoviano Juan Luis Gordo y el zamorano Antonio Plaza. Rodríguez, Gordo y Plaza eran hasta el pasado verano incondicionales de Óscar López y, por extensión, del caído Pedro Sánchez. Le secundaron en todo tipo de tropelías, entre ellas el golpe de mano que derrocó de la secretaría autonómica a Julio Villarrubia, que aparece detrás cerrando el grupo. 
En discreto segundo plano se observa al diputado abulense Pedro José Muñoz,  un conspirador nato que ha pasado de antiguo lugarteniente de López a encargado de coordinar el susanismo en Castilla y León. Y a su altura otra consumada experta en intrigas y conspiraciones partidarias,  Soraya Rodríguez, presidenta de la Ejecutiva Autonómica, cuya inquebrantable lealtad hacia sí misma le ha dotado de la flotabilidad del corcho.

 Faltan en la foto otros dos barones provinciales pasados con armas y bagajes al susanismo. Uno es el salmantino Fernando Pablos, ausente de la cita al no pertenecer al Comité Federal. El otro es el soriano Carlos Martínez, quién deliberadamente o no -él es muy suyo y también muy de sí mismo-, llegó a Ferraz por libre.
 La congregación susanista se producía cuando el día anterior se había anunciado que la lideresa iba a iniciar su campaña visitando el próximo fin de semana tres de las nueve provincias de la comunidad: Salamanca (viernes 20), Palencia (sábado 21) y León (domingo 22). Esta vez a cara descubierta, no como cuando la semiclandestina visita efectuada a Zamora a finales de septiembre, justo en vísperas del tormentoso Comité Federal del 1 de octubre.

  Siendo público y notorio que Díaz había decidido por fin a saltar a la arena de Despeñaperros hacia arriba, el vasco Patxi López se adelantaba este domingo, postulándose como candidato a la secretaría general, carrera de la que ya se da por descolgado a Pedro Sánchez.


Ana Sánchez, Luis Tudanca y Javier Izquierdo
 Los barones territoriales -entre ellos, y de forma destacada, Luis Tudanca- que hasta el último momento apoyaron a Sánchez han decidido que el ex secretario general no era el más indicado para competir con la lideresa andaluza, apoyada por casi todos los demás barones, lo que queda del zapaterismo, con Pepiño Blanco a la cabeza, y por la vieja guardia felipista, si bien en este punto existen dudas sobre el posible doble juego del siempre intrincado Alfredo Pérez Rubalcaba.

 Al igual que sucediera en 2014 con ocasión de las primarias disputadas entre Sánchez, Madina y Pérez Tapias, y luego con las libradas mano a mano por Tudanca y Villarrubia, los dirigentes y cuadros socialistas de Castilla y León está divididos en dos bloques claramente identificados. Que no son los mismos de entonces, claro está, tras los reseñados cambios de bando. ¿Quién le iba a decir a Villarrubia que fuera a tener como aliados a Tino Rodríguez, Gordo, Muñoz, o Plaza, que dieron el visto bueno a su defenestración como secretario autonómico? ¿O a Soraya Rodríguez y Fernando Pablos, que le dieron la espalda en su mano a mano con Tudanca?

 A priori, el equilibrio de fuerzas entre Susana Díaz y Patxi López se presenta muy equilibrado en Castilla y León. Pretender que el apoyo de seis de los ocho secretarios provinciales (en Ávila sigue campando la gestora nombrada hace mas de tres años) garantiza la victoria de la lideresa andaluza es como hacerle trampas al solitario.
Supone desconocer que en unas elecciones primarias es la militancia la que tiene la palabra y que las bases socialistas están divididas en todas y cada de las nueve provincias. Y que en alguna el secretario provincial tiene menos predicamento que un sacristán en un concilio, como es el caso del zamorano Plaza, devenido en una especie de zombie político del que la militancia pasa hasta para repudiarlo.

Patxi López
 El salmantino Pablos tiene creciente contestación interna, lo mismo que el leonés Rodríguez, quien sigue teniendo en contra a la agrupación local de León capital, que reúne por si sola mayor número de militantes que toda la provincia de Soria. (De hecho, el acto de apoyo a Díaz en León ha sido programado fuera de la capital por temor a sufrir un pinchazo en cuanto a asistencia). 
Solo en seis provincias se presupone una mayoría decantada: Palencia, Segovia y Soria, alineadas con el susanismo, y Burgos, Valladolid y Zamora, volcadas a favor del candidato alternativo, en este caso Patxi López. Y en todas ellas habrá, en mayor o menor medida,  partidarios de los dos bandos, aunque no de forma tan equilibrada como pueda suceder en León, Salamanca y Ávila.

 Así, pues la batalla está servida y con un pronóstico incierto que a su vez se extiende al posterior congreso autonómico y a los ulteriores congresos provinciales, que, dadas las fechas elegidas para celebrar el federal, probablemente se pospongan hasta después del verano. Obviamente, el resultado del pulso a librar entre Susana Díaz y Patxi López resultará muy indicativo de los que puede suceder en las primarias a disputar después en Castilla y León para elegir al nuevo secretario autonómico del PSOE.

Indicativo, pero no determinante, puesto que pudiera ser que en las primarias federales la militancia de la comunidad no se manifieste en el mismo sentido que el conjunto del partido, como ya ocurrió en 2014, cuando Madina resultó ser el candidato más votado en Castilla y León. En ese caso la pelota del liderazgo del PSCL-PSOE seguiría en el aire y sujeto a nuevos cambios de bando por parte de quienes en pleno 2,017 se mantienen fieles a Marx. Naturalmente, al Groucho de “estos son mis principios, si no le gustan tengo otros”.

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