Datos personales

Mi foto

Cuando abrí este blog llevaba 30 años ejerciendo el periodismo en Castilla y León, todo ese tiempo siguiendo la actualidad politica regional y, en particular, las andanzas de las instituciones autonómicas. Una excitante experiencia que, después de un paréntesis técnico, vuelvo a compartir con quienes se dejen caer por aquí.

martes, 3 de enero de 2017

Anclados en un fin de ciclo

  No se imaginan la pereza me produce iniciar el año teniendo que constatar que esta comunidad autónoma sigue política, social y económicamente en caída libre, sumida en un fin de ciclo -el de la presidencia de Juan Vicente Herrera- que, de mantenerse hasta 2019, va a prolongar una agonía cada día más penosa. 2017 ha comenzado con esa prórroga tramposa de los Presupuestos de la Comunidad, que paraliza la poca inversión pública y la oferta de empleo de un gobierno autonómico incapaz de afrontar los grandes problemas estructurales que aquejan a Castilla y León.


El consejero Sáez y el gerente de Sacyl, Rafael López
 En realidad, la Junta no levanta cabeza. Basta con ver los fiascos con los que la Sanidad Pública -esa de la que Herrera se muestra tan satisfecho- ha despedido 2016. Con los bomberos achicando agua de la UCI pediátrica y de la unidad de neonatos del hospital Río Hortega de Valladolid, anegadas por una fuga de agua en la madrugada del jueves. Con una nueva manifestación convocada para el lunes 8 por la “marea blanca” de Salamanca ante el caos que no cesa en el complejo hospitalario salmantino. Y con el último consejo de Gobierno de la Junta inyectando otro millón de euros al sistema informático Medora, que sigue fallando más que una escopeta de ferias, sin que el consejero Antonio Sáez haya sido capaz de de arreglar el desaguisado en los cinco y años y medio que lleva al frente de la Consejería. Del pozo -sin fondo, pero con Méndez- del hospital de Burgos, mejor no hablamos.

 Como nos temíamos, la pasada visita de la vicepresidenta Soraya Sáez de Santamaría, quien ni siquiera se dignó a comparecer personalmente ante los medios de comunicación, no sirvió para otra cosa que para vender el humo de la próxima Conferencia de Presidentes, que, como ya hemos dicho, se va a limitar a anotar los problemas de ésta y de las otras comunidades autónomas, sin adoptar ningún tipo de solución. Por ejemplo, al de esa despoblación (en los próximos días conoceremos cuantos miles de habitantes hemos perdido en 2016) que desangra a Castilla y León ante la absoluta indolencia de la Junta, que, en vista del clamoroso fracaso de su Agenda de Población, ha decidido tirar por elevación y endosar el problema al Estado y a la Unión Europea.

 Lo malo es que la famosa Ley de Murphy es irreversible y todo sigue siendo susceptible de empeorar. Máxime en este fin de ciclo en el que a Herrera le están creciendo demasiados enanos y  el mal fario prolifera en su entorno.
Rosa Valdeón y José Antonio de Santiago-Juárez
 La huida hacia adelante con la que resolvió el “caso Valdeón” no ha conseguido otra cosa que agravar la precaria situación política del presidente, de su gobierno y de la comunidad autónoma. En el pecado de confiar la vicepresidencia a José Antonio de Santiago-Juárez lleva Herrera una penitencia que no se merecen todos los castellanos y leoneses.

Cierto es que el número dos de Rosa Valdeón (a la que todavía algunos tienen la desfachatez de presentar como mártir, poco menos que como víctima de una conspiración de sus propios compañeros de partido) era algo completamente ficticio. Cierto que de facto esa posición la ha ocupado desde 2007 De Santiago-Juárez, no en vano la mano que viene meciendo la cuna-diván del presidente desde entonces, si es que no desde 2003, cuando ascendió a portavoz del grupo popular de las Cortes. Pero oficializar dicha condición ha supuesto un camino sin retorno de consecuencias imprevisibles.

 Desde la burbuja que le aísla de la realidad, Herrera es de los pocos que no ha reparado que, una tras otra, todas las apuestas políticas de De Santiago-Juárez se cuentan por otros tantos fracasos. La primera, que data de su etapa como portavoz parlamentario, fue la última reforma del Estatuto de Autonomía, totalmente fallida al cargarse el Tribunal Constitucional el pretendido traspaso de la Confederación Hidrográfica del Duero.
 Después vino la antedicha  Agenda de Población, desde cuya aprobación de momento llevamos perdidos 108.61 habitantes, el modelo híbrido de televisión autonómica, el fiasco de la marca “Tus ideas cobran vida” y su desaparecido “guardián”, la ocurrencia del Banco de Pensadores (“¿and the andarán”?”, que diría José Mota) y así sucesivamente -la relación no es exhaustiva- hasta llegar a la reinvención de la “ordenación del territorio”, que, después de años de insufrible barrila, va camino de encallar irremisiblemente.

Firma de un acuerdo del "diálogo social"
 La “factoría de ficción” puesta en marcha en su día desde la consejería de Presidencia hace tiempo que no engaña a nadie, salvo a los que se dejan engañar conscientemente, como el inefable portavoz de Ciudadanos, Luis Fuentes, que está consiguiendo conducir a este partido a las mas absoluta irrelevancia en la comunidad. 
Los apaños tejidos entre Fuentes y de Santiago-Juárez en materia de regeneración democrática son un insulto a la inteligencia (y en el caso del “whistleblowind”, peor que eso: un escarnio a los funcionarios y empleados públicos de la comunidad). Todo ello mientras el PP de Juan Vicente Herrera bloquea antidemocráticamente la comisión parlamentaria constituida para investigar la turbia “trama eólica” y el pestilente proceso que desembocó en los multimillonarios sobrecostes pagados por la Junta por la Perla Negra y los terrenos rústicos del inexistente parque empresarial de Portillo.

 Y todo esto se lo permite un gobierno que sigue haciendo de su capa un sayo -véase lo de la prórroga de los Presupuestos- exactamente igual como durante los 24 años anteriores de mayoría absoluta. Quizá la clave de lo anterior radique en una anomalía democrática que hace que en realidad Herrera supla su falta de mayoría mediante una “coalición” encubierta. Pero no con ningún otro partido, sino con los llamados agentes sociales: CC.OO., UGT y Cecale, además así, por este orden. Algún día habrá que analizar los términos de esta peculiar “coalición”, que en la práctica viene desactivando desde hace años el papel de contrapeso a ejercer por la oposición en un sistema democrático.