Vaya por delante que pienso que la dimisión de Óscar Puente resulta inexcusable. Por razones obvias: alguien tiene que hacerse políticamente responsable de una catástrofe como la de Urda, que, para inri, se ha sumado a la de Adamuz, que ya por sí sola demandaba la dimisión del ministro, y se saldó con los ceses de cargos políticos de segundo o tercer nivel. Esto no admite ninguna discusión.
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| Puente, en una de sus comparecencias tras el accidente de Urda |
No muchos, pero hay precedentes. Me viene a la memoria uno dentro del propio PSOE. Fue el caso de Antonio Asunción, el que era ministro del Interior en abril de 1994, momento momento en el que Luis Roldán -icono de la corrupción de los gobiernos de Felipe González- cogió las de Villadiego y se fugó de España. Asunción no estaba personalmente a cargo de la vigilancia policial que debiera haber evitado la fuga del que había sido director general de la Guardia Civil y estaba investigado por un rosario de delitos cometidos a raíz de acceder al frente de ese instituto armado. Pero, como ministro, asumió que era el primer responsable político de semejante fiasco y no dudó en renunciar a una cartera ministerial que llevaba escasos meses ejerciendo.
Abundan, claro está, muchos más los ejemplos de lo contrario. Sin salir del ámbito ferroviario, viene al caso recordar el accidente de la curva de Angrois, un descarrilamiento en las inmediaciones de Compostela que en vísperas de la festividad de Santiago de 2013 costó la vida a 80 de los pasajeros que viajaban en el Alvia allí siniestrado. La entonces la ministra de Fomento del gobierno Rajoy, Ana Pastor, no asumió la menor responsabilidad política, y el entonces presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, impidió la puesta en marcha de una comisión de investigación en el Parlamento autonómico. (Sí, Feijóo, el mismo que años después, ante la dana de Valencia -más de dos centenares de muertos- ha sido incapaz de retirar su confianza al expresidente de la Generalitat valenciana, Carlos Mazón, a quién de hecho sigue amparando el PP como diputado del Parlamento autonómico).
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| Ana Pastor y Alberto Núñez Feijóo |
Y para completar toda impunidad política, la (in)Justicia -en este caso la Audiencia Provincial de la Coruña- condenó exclusivamente al maquinista del Alvia, Francisco José Garzón, exonerando de cualquier responsabilidad penal al conjunto de cargos públicos y técnicos que tenían a su cargo la seguridad del tráfico ferroviario en España. Fallo humano del maquinista y aquí paz y después gloria. Cero responsabilidad política por el deficiente (por no decir nulo) sistema de seguridad que, todo hay que decirlo, se remontaba al paso de otro ilustre socialista, Pepiño Blanco, por el ministerio de Fomento. No hablemos ya de los 62 militares españoles fallecidos en el accidente del Yak 42 (2003, gobierno Aznar, ministro Federico Trillo), ejemplo de vileza política infinitamente más ignominioso que todos los anteriores casos mencionados.
Después de ofrecer este martes explicaciones en el Congreso de los Diputados, Puente debe dimitir cuanto antes. Hoy mejor que mañana. Su continuidad en el ministerio es inaceptable y con ella se haría acreedor a lo que él mismo ha llamado “un calvario”. (Un calvario que, en realidad, comenzó el mismo día del siniestro de Urda: en el minuto de silencio celebrado esa misma tarde en la plaza mayor de Valladolid ya se escucharon gritos llamándole directamente “asesino”).
Desde el restablecimiento del actual sistema democrático - y va para el medio siglo- no recuerdo un caso de linchamiento y ensañamiento político tan revanchistas como el que está sufriendo el todavía ministro de Transportes. Puente se había erigido en “bestia negra” del gobierno Sánchez y las derechas (la derecha extrema y la extrema derecha, tanto montan) le tenían todas las ganas del mundo. Ellas y sus terminales mediáticas protagonistas, día sí día también, de la “fachosfera” patria.
Esta inquina hacia Puente es anterior a su desempeño ministerial. Se forjó durante la fallida investidura de Feijóo, en aquel debate en el que, “de ganador a ganador”, tuvo la osadía de recordarle al candidato del PP episodios poco edificantes de su partido y de su propio pasado personal, como sus correrías náuticas con el contrabandista (y posterior narcotraficante) Marcial Dorado. Desde ese momento el exalcalde de Valladolid se colocó en la diana preferente de la caverna política y mediática, algo que desde luego él mismo ha estimulado desde su incontenida actividad en el antiguo Twitter.
Candidato al próximo premio “Cossío”.- En esta escalada de ira y furia contra Puente no me ha extrañado, pues, la extrema virulencia de algunos comunicadores y articulistas, que ya venían dedicando al ministro de Transportes casi tantas lindezas como a Pedro Sánchez. Me ha sorprendido, sin embargo, la agresividad con la que se ha sumado al linchamiento un paisano pucelano: José F. Peláez, el publicista devenido en columnista del grupo Vocento (“Abc” y “El Norte de Castilla”), quien era prácticamente el único habitual de la “fachosfera” que hasta ahora -él sabrá por qué y otros lo sospechamos- no había hecho sangre contra el alcalde de Valladolid.
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| José F. Peláez (también "Magnifico Margarito") |
Hasta que de pronto ha decidido expeler toda la bilis que al parecer tenía acumulada, negando a Puente incluso su derecho a dimitir: “No basta con una dimisión, es necesario que sea cesado”, ha escrito en el autoproclamado decano de la prensa española. “Puente es parte fundamental del problema, uno de los instigadores de odio y uno de los principales responsables del clima insoportable que vivimos”, ha añadido (ver más abajo la sección “Perlas de la fachosfera patria”).
Y no basta con que dimita o, como él prefiere, sea cesado. Peláez considera además “inconcebible”, casi un escarnio, que el exalcalde se mantenga como candidato al Congreso en las elecciones del 29-M. Como he apostillado a su diatriba en “El Norte”, al publicista/columnista sólo le ha faltado sugerir que Puente sea ejecutado públicamente a plena luz del día junto a la ermita de San Isidro, al modo que Francisco Umbral refiere en “Capital del dolor”, caso que fuera por ejemplo del entonces alcalde de Valladolid, el socialista Antonio García Quintana.
Ello al tiempo que en otra columna de “Abc”, donde se refiere a Feijóo como ejemplo de “prudencia, mesura, equilibrio, sensatez, corrección y moderación”, aboga Peláez por arrojar a las fosas sépticas de la historia el “sanchopuentismo guerracivilista. Difícil que de aquí a que se convoque la próxima edición, aparezca mejor candidato para hacerse acreedor al próximo premio de periodismo “Francisco Cossío”…



