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Cuando abrí este blog llevaba 30 años ejerciendo el periodismo en Castilla y León, todo ese tiempo siguiendo la actualidad politica regional y, en particular, las andanzas de las instituciones autonómicas. Una excitante experiencia que, después de un paréntesis técnico, vuelvo a compartir con quienes se dejen caer por aquí.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Pelillos a la mar...

Mucho han dado que hablar durante los dos últimos años los sucesivos encontronazos surgidos entre la Junta de Castilla y León y el gobierno de Mariano Rajoy, dos ejecutivos del mismo color político que han mantenido diferencias publicas y notorias sobre asuntos de no poca importancia. La relación ha sido especialmente tensa con Cristóbal Montoro (Hacienda y Administraciones Públicas) y José Manuel Soria (Industria y Energía). También han sido ostensibles los conflictos con Miguel Arias Cañete (Agricultura) y no han faltado roces puntuales con Ana Mato (Sanidad) y José Ignacio Wert (Educación). Todo ello a partir de una relación distante entre el presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, y la vicepresidenta única del gobierno Rajoy, la vallisoletana Soraya Sáez de Santamaría.


Montoro y De Santiago-Juárez en el Senado
 Tal grado de conflictividad verbal entre dos gobiernos del mismo partido daba que pensar sobre cuánto había en ello de discrepancia real y cuanto de desmarque oportunista por parte de la Junta para no compartir en Castilla y León el coste político de medidas y decisiones políticas adoptadas en Madrid. Cabía sospechar si no estábamos asistiendo al clásico reparto de papeles entre el “poli bueno” -un rol a la medida de Juan Vicente Herrera- y el “poli malo” encarnado por Montoro, Soria, Cañete, Mato, Wert y compañía.

 El giro que han dado los acontecimientos últimamente avala la hipótesis de la pantomima. De repente, casi como por ensalmo, han desaparecido todas las discordias. Y lo que es más prodigioso todavía: las diferencias -que no los problemas de fondo- se han resuelto sin vencedores ni vencidos

  Un confuso apaño en el Senado que permite a todos salvar la cara ha resuelto en un plisplas las abismales diferencias que la Junta decía tener con la reforma local de Montoro. Lo que hasta hace escasamente un mes el consejero de la Presidencia, José Antonio de Santiago-Juárez, calificaba como “un atropello” a la comunidad es ahora para el gobierno Herrera poco menos que una Ley modélica. ¿Acaso es que la Ley ahora respeta la autonomía municipal, ya no pone atenta contra las entidades locales menores y garantiza todos los servicios públicos prestados hoy por los ayuntamientos? No lo parece. Todo lo contrario.

Soria y Herrera el pasado 20 de noviembre
La fórmula ambigua introducida en el Senado asociando la titularidad de las llamadas competencias impropias al nuevo modelo de financiación autonómica proporciona coartada para todos. La Junta advierte que no se hará cargo de esas competencias si su coste (mas de 300 millones de euros) no se contempla en el nuevo modelo, mientras los ayuntamientos y las Diputaciones podrán desentenderse de ellas si la nueva titular de las mismas, la Administración Autonómica, no les compensa por hacerse cargo de la gestión. En resumidas cuentas, lo que se ha hecho es aplazar el conflicto con serio riesgo de que la solución final sea la de que todos se llamen  andana.

 Con ese apaño la Junta ha hecho las paces con Montoro, dejando atrás de paso todas las fricciones mantenidas con él en su faceta de ministro de Hacienda, que no ha sido pocas ni discretas. Y a otro al que ya se le han perdonado sus pecados es a José Manuel Soria, el ministro de Industria que nada mas llegar al cargo redujo y  bloqueó las ayudas a la minería del carbón, incendiando con ello las cuencas mineras de Castilla y León. Su displicencia hacia al gobierno la comunidad fue absoluta a lo largo de todo el conflicto, ninguneando por completo a la Junta y a su presidente.
 Tuvo que suceder el trágico accidente minero de Pola de Gordón para que Soria coincidiera con Herrrera en el hospital de León donde estaba ingresados los heridos. A partir de ahí las afrentas del ministro de Industria a la comunidad se han dado por olvidadas. Tres semanas mas tarde, Soria acudió al Congreso de Turismo Interior celebrado en Valladolid y al presidente de la Junta y al consejero de Economía, Tomás Villanueva, solo les faltó hacerle la ola.

 
Consejero y ministra de Sanidad
Igualmente se ha resuelto con una patada a seguir el conflicto abierto en torno al copago farmacéutico hospitalario impuesto por el ministerio de Sanidad. Como era de suponer, la ministra Mato ha hecho caso omiso al requerimiento de la consejería que pedía su retirada, tan omiso que ha sido despachado mediante silencio administrativo. Y el paso siguiente será el de recurrir ese copago por la vía contencioso-administrativa, donde las resoluciones judiciales se hacen esperar durante años. Años en los que, a diferencia de otras comunidades que no piensan acatar esa imposición del ministerio, en Castilla y León el SACYL va a aplicar el copago. La ministra se sale con la suya y a la Junta no se le podrá reprochar que no se haya opuesto a la medida. Y mientras tanto, los enfermos a pagar.

Da la impresión de que el reparto de papeles entre el “poli bueno” y el poli malo” ha tocado a su fin. La cuenta atrás hacia las elecciones europeas está lanzada y los populares han decidido poner sordina a cualquier conflicto que erosione la imagen de unidad interna. Es el momento de cerrar filas y corear al unísono el mantra de que el PP ha conseguido derrotar la crisis y de que el mundo entero empieza a rendirse ante el  “milagro económico español”...