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Cuando abrí este blog llevaba 30 años ejerciendo el periodismo en Castilla y León, todo ese tiempo siguiendo la actualidad politica regional y, en particular, las andanzas de las instituciones autonómicas. Una excitante experiencia que, después de un paréntesis técnico, vuelvo a compartir con quienes se dejen caer por aquí.

lunes, 6 de octubre de 2014

Los retos de Luis Tudanca

  No ha sido la suya una victoria abrumadora -un 54,85 por ciento frente a un 45,15-, pero Luis Tudanca ha recibido el respaldo suficiente para encarar el “tiempo nuevo” que se había propuesto impulsar si la militancia socialista le otorgaba el liderazgo del PSOE en Castilla y León. “Lo bonito llega a partir de mañana”, declaraba el nuevo secretario autonómico nada mas proclamarse el resultado del escrutinio. “Y sobre todo lo difícil”, añadiría yo, dado que se hace cargo de un partido convaleciente y maltrecho a causa de las irresponsables luchas intestinas protagonizadas en los dos últimos años.


  Tras imponerse a Julio Villarrubia, de entrada los retos que le esperan a Tudanca son ciertamente peliagudos. Sobre el papel, son los mismos que tiene planteados Pedro Sánchez: Recuperar la credibilidad de sus dirigentes y la autoestima de sus militantes, reivindicarse como fuerza hegemónica de la izquierda y lograr ser percibido como alternativa del gobierno frente al PP. Pero esa tarea ya de por si titánica resulta aquí de todo punto inviable sin recomponer previamente la unidad interna y enterrar el cainismo que ha arrastrado al PSOE de Castilla y León a la situación mas calamitosa en toda su historia. Un cainismo que se hacía presente la misma noche del sábado por medio de un rastrero "tuit" con el que el máximo responsable de esa calamidad, Óscar López, exhibía públicamente su bajeza y mezquíndad politica.

Cierto que, al igual que Sánchez, Tudanca cuenta con el importante activo de haber sido el primer secretario autonómico del PSOE elegido directamente por la militancia, lo que le confiere una indiscutible legitimidad con la que no contado ninguno de sus antecesores. Pero tampoco eso produce por sí mismo efectos taumatúrgicos. Hacen falta grandes dosis de mano izquierda, altura de miras y generosidad para restañar las heridas y que lo del cierre de filas sea algo mas que una frase hecha. Era un compromiso compartido que Tudanca y Villarrubia deben asumir a partir del veredicto dictado por la militancia. 

Al nuevo secretario autonómico le corresponde ahora diseñar una nueva dirección del partido capaz de afrontar ese “tiempo nuevo” que propugna. Cierto también que, además de la autoridad emanada de su elección directa por la militancia, tiene la ventaja de no haber sido protagonista directo de la nefasta bicefalia anterior. Pero tampoco debería olvidar que el 45 por ciento del partido ha respaldado a su contrincante y que éste ha sido más votado que él en las provincias de Valladolid, Palencia y Soria.

 El congreso autonómico a celebrar el 18 de octubre permitirá comprobar si la elección del nuevo secretario autonómico desbroza el camino para restablecer la unidad del partido en Castilla y León. Pedro Sánchez, que había sido elegido con el 49 por ciento de los votos de los militantes, fue ratificado en el posterior congreso federal por aclamación, al tiempo que su ejecutiva obtenía el respaldo del 86,19 por ciento de los delegados. Es la primera prueba de fuego a la que se enfrenta Tudanca.

 Tudanca recibiendo felicitaciones tras su victoria
 Sin duda, otra ventaja de la elección del pasado sábado es que el PSOE se va a ahorrar la celebración de primarias para elegir a su candidato a la presidencia de la Junta. Formalmente, las tiene que convocar, pero es obvio que a ellas no va a concurrir ningún otro candidato. Villarrubia se ha retirado de esa carrera y no tendría ningún sentido que al recién elegido secretario autonómico le salga otro rival disputándole esa candidatura.

Tudanca es ya el virtual candidato socialista a la presidencia de la Junta y, al tiempo que reorganiza internamente el partido, puede y debe afrontar sin ninguna dilación la urgente tarea de ahormar un proyecto político y una oferta programática que permitan al PSOE concurrír como alternativa de gobierno a la cita electoral del próximo 25 de mayo. Por otra parte, unas elecciones en las que los socialistas van a encontrar mayor competencia electoral que nunca por todos los flancos.

 Como ya comentamos aquí, cuestión aparte son las primarias para elegir los candidatos socialistas en las capitales y ayuntamientos de mas de 20.000, donde van a competir aspirantes alineados con los dos antiguos bloques en los que ha estado fracturado el PSOE de Castilla y León. Y ello es así porque la formación de dichos bloques ha sido en gran medida una yuxtaposición de los enfrentamientos provinciales. 
Si en el congreso del día 19 se sella la unidad del partido en torno al liderazgo de Tudanca, las primarias municipales no deberán de tener otra lectura que la estrictamente local allá donde se celebran, lo cual requiere una exquisita neutralidad por parte de la nueva ejecutiva autonómica. Más difícil será que las ejecutivas provinciales no arrimen el ascua a los candidatos de su cuerda, pero, en aras de preservar la unidad, la nueva dirección autonómica no debería dejarse contaminar por las secuelas de esas broncas provinciales que tanto desgaste han producido en provincias como León, Valladolid o Ávila.

Villarrubia, una derrota que se veía venir
 No me entretengo mucho analizar el resultado del pasado sábado porque el mismo estaba prácticamente cantado desde que se supo que casi el 60 por ciento de la militancia había avalado a uno u otro candidato. Ya comente aquí que por mucho que se incrementara la participación, el margen de Villarrubia para remontar la diferencia de 564 avales a favor de Tudanca era extremadamente reducido.Y ha ocurrido que, con una participación del 65 por ciento, los votos validos a los candidatos han sumado 6.637, solamente 456 más de los avales previamente emitidos.
 Por si fuera poco, ha habido tres provincias (Ávila, Palencia y Soria) en las que Villarrubia no ha conseguido transformar en votos todos sus avales, algo que asimismo le ha ocurrido a Tudanca en Zamora. Tan desmedido fue el afán de ambos candidatos en recopilar avales que en en el caso de la provincia de Ávila terminaron acudiendo a las urnas menos votantes que avalistas.

  Por lo demás, igual que resulta obvio que la victoria de Tudanca -al final por una diferencia de 644 votos- ha sido acogida con satisfacción en Ferraz, tengo la impresión personal de que la Junta de Castilla y León hubiera preferido la victoria de Villarrubia. Ese es otro de los grandes retos que tiene por delante el nuevo secretario autonómico: Articular una oposición sólida, eficaz y sin complejos ni genuflexiones ante el Partido Popular, que, en ausencia de ese contrapeso político, viene gobernando a sus anchas -por no decir casi a su completo antojo- esta comunidad autónoma desde 1987. Que ya van siendo años.