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Cuando abrí este blog llevaba 30 años ejerciendo el periodismo en Castilla y León, todo ese tiempo siguiendo la actualidad politica regional y, en particular, las andanzas de las instituciones autonómicas. Una excitante experiencia que, después de un paréntesis técnico, vuelvo a compartir con quienes se dejen caer por aquí.

lunes, 1 de junio de 2015

Por qué quiere irse Juan Vicente Herrera

¿Por qué quiere irse Juan Vicente Herrera si ha vuelto a ganar las elecciones autonómicas, ha obtenido el mejor resultado del PP en las 13 comunidades autónomas y tan solo necesita la abstención de un procurador de otro grupo para poder ser investido presidente?


 En medio del inmenso ruido originado por sus declaraciones a “Onda Cero” y la cruzada emprendida contra el ministro José Manuel Soria, ocho días después del 24-M esa pregunta sigue sin respuesta. Es más: El ganador de las elecciones quiere renunciar, pero ni él mismo sabe si al final consumará la “espantada” o se avendrá a cumplir con el compromiso asumido como candidato que ha pedido -y obtenido- suficiente respaldo ciudadano para seguir presidiendo esta comunidad autónoma. Los motivos que ha expuesto para plantearse el abandono pueden ser perfectamente respetables para dimitir como presidente autonómico del PP, pero no para abdicar de la responsabilidad contraída en las urnas.

Rajoy y Herrera el pasado 9 de febrero
 En realidad la respuesta a la insólita situación provocada por el presidente de la Junta en funciones es bastante sencilla de entender: Si Herrera no quiere seguir es porque se presentó a las elecciones con la decisión tomada de irse a los pocos meses de resultar reelegido y, si no lo hace ahora, se arriesga a tener que ejercer otros cuatro años como presidente, algo esto último que, dado su hartazgo del cargo, supondría para él una especie de tormento político y personal.

 Para comprender lo anterior hay que retrotraerse cuatro años. En 2011, cumplidos 10 años de mandato, Herrera ya se presentó a regañadientes, anunciando muy pronto a todos que esa era la última vez que encabezaría el cartel  electoral. Lo hizo además albergando la esperanza de que, una vez que el PP ganara las elecciones generales, Mariano Rajoy contaría con él, si no desde el principio, en alguno de los reajustes ministeriales realizados durante la legislatura. 
Pero esto no se produjo y como Herrera tampoco hizo los deberes para organizar su sucesión, llegado 2015, con 14 años de mochila presidencial, no le ha quedado otro remedio que resignarse a ser de nuevo el candidato. Eso sí, dejando esta vez muy clara una condición: Convencido de que ganaría de nuevo por mayoría absoluta, no permanecería en el cargo mucho mas allá de las próximas elecciones generales, cediendo el testigo  después de ellas a un nuevo candidato/a que tomaría el relevo en la presidencia de la Junta.

 Así quedó explícitamente pactado el pasado 9 de febrero en la comida compartida con Rajoy en el restaurante “La Brasería” de San Rafael (Segovia). A partir de ahí, Herrera, tras intentar hacernos creer que se presentaba con la misma ilusión que la primera vez, confeccionó su hoja de ruta. 
Rosa Valdeón y José Antonio de Santiago-Juárez
La elegida para heredar el trono no era otra que Rosa Valdeón, la alcaldesa saliente de Zamora, ahora procuradora electa, a quién nombraría vicepresidenta o, en su defecto, consejera “primus inter pares” con las mismas competencias,  incluso alguna más, que ejerce el actual consejero de la Presidencia, José Antonio de Santiago-Juárez, la temblorosa y tenebrosa mano que siempre ha mecido la cuna-diván presidencial. 
De Santiago-Juárez, quién ha repetido hasta la saciedad que se iría de la política el mismo día que lo hiciera Herrera, se reservaba  la presidencia de las Cortes, donde naturalmente permanecería tutelando a la sucesora durante toda la legislatura.

¿Y que ha ocurrido? Sencillamente que la pérdida de la mayoría absoluta ha complicado el plan. No habría mayor problema si Herrera  hubiera tenido la voluntad de permanecer los cuatro años, pero ya he dicho que eso es algo que le causa espanto personal. Y lo que no resulta de recibo es tener que negociar con UPL o Ciudadanos la abstención que necesita para ser investido y luego renunciar ocho o nueve meses después, tal como tenía previsto. En vista de lo cual, Herrera se ha planteado la posibilidad de adelantar el plan y pegar la “espantada” ya mismo.

 Las declaraciones a “Onda Cero” no fueron producto de ningún calentón improvisado. Después de mirarse él mismo al espejo el 25 de mayo y contemplar con horror la posibilidad de tener que seguir otros cuatro años más, el presidente de la Junta decidió lanzar el globosonda sobre su renuncia a una nueva investidura. Pero lo que se le ha escapado de las manos ha sido el alcance de la cortina de humo tendida para justificar su posible defección. Aunque fuera involuntariamente, su metáfora sobre el espejo de Mariano Rajoy ha sido la piedra que ha removido las cenagosas aguas del PP. Después de esa sobreactuación y del desafío que ha supuesto pedir la dimisión de Soria, Herrera puede irse, si esa es su decisión, pero ya no está en condiciones de designar mediante “dedazo” personal al sucesor.

Carlos Fernández Carriedo
Si consuma su amago de espantada, el candidato o candidata a la presidencia de la Junta se va a decidir en la calle Génova, previa consulta a los nueve presidentes provinciales del partido, uno de los cuales, el palentino Carlos Fernández Carriedo, ha irrumpido con fuerza en las nuevas quinielas que ya están circulando al efecto. A su favor está que no suscita ningún rechazo y que es el único de todos los presidenciables que no ha salido directamente malparado de las pasadas elecciones.

Si Herrera sigue, ya sabe lo que le espera. Con la desgracia para él, de que ahora no dispondrá del rodillo parlamentario con el que se ha sustraído del control de la oposición en estos últimos 14 años. Con el Reglamento de las Cortes en la mano, el PP se ha quedado sin la mayoría necesaria para impedir las comisiones parlamentarias de investigación, toda vez que para ello se necesitan 43 votos en contra, uno más de los que tiene. Salvo que algún procurador de la oposición venda su alma al diablo, los numerosos asuntos turbios de la comunidad que están sin esclarecer pueden ser investigados en el “mausoleo”. Razón de más para que Herrera -que, después de aflorar el escándalo de la trama eólica, ya no ha vuelto a repetir eso de que Castilla y León no está en el mapa de la corrupción- se haya planteado poner pies en polvorosa  cuanto antes…