No gozo de la suficiente cercanía, ni física ni emocional, como para saber si el presidente de la Junta, Alfonso “Fonsi” Fernández Mañueco esta “acojonado” ante los inminentes comicios autonómicos, tal como se ha permitido afirmar su rival socialista en esa contienda electoral y de momento alcalde de Soria, Carlos Martínez.
“Acongojado” no sé, pero motivos objetivos sobran para que "Fonsi" ande seriamente preocupado ante sus terceras elecciones como candidato del PP a presidir -en este caso seguir presidiendo- el gobierno de Castilla y León. A dos meses de acudir a las urnas no se ha publicado ni un solo sondeo de opinión sobre las expectativas de voto ante la cita. La propia existencia de tan insólito “apagón demoscópico” indica que los augurios no deben ser muy favorables a la candidatura de Mañueco.
En otro caso, los medios más favorecidos y engrasados por la “chequera mediática” de la Junta ya habrían publicado sondeos, como de hecho ha sucedido siempre. Pero ni “Castilla y León TV”, de momento la única televisión autonómica privada (Promecal y Edigrup al 50 por ciento), ni la agencia Ical (Promecal), ni “El Mundo de Castilla y León” (Edigrup), ni tampoco “El Norte de Castilla”, -asimismo de línea editorial inequívocamente afín- han encargado sondeo alguno. Omisión un tanto significativa.
De todas formas, no hace falta disponer de ninguno de esos sondeos -que por otra parte tienen casi tanta cocina como los del CIS, solo que sentido contrario- para intuir que el resultado electoral en ningún caso va a permitir al PP seguir gobernando en solitario. Y que no va a otra opción que la de negociar la investidura con Vox, como está ocurriendo en Extremadura y muy probablemente ocurra en Aragón.
Aunque fuera previsible desde hace tiempo, tener que depender de Vox es el peor escenario que le podía aguardar a Mañueco. No solo por la tormentosa experiencia de los dos años de gobierno compartido tras las elecciones de 2022, con los continuos disparates -consentidos por el PP- protagonizados especialmente por el que fuera vicepresidente único (único y también irrepetible) Juan García-Gallardo y por el estrafalario consejero de Empleo, Mariano Venganzones, ambos ahora apartados de Vox. 
Guardiola y Azcón, dos presidentes abocados a pactar con Vox
Lo peor es la no menos tormentosa relación entre PP y Vox tras el abandono de la Junta de los de Abascal. Con un punto de inflexión: el gesto de soberbia y desprecio de Mañueco al convertir en un “burruño” el folio que contenía las propuestas formuladas por Vox durante el último debate sobre el estado de la comunidad. (Me ahorro reseñar los sucesivos y graves reveses sufridos a partir de entonces por la Junta a causa de la alianza estratégica de Vox y PSOE en las Cortes, eso que, doliéndose en banderillas, Mañueco y los suyos han calificado de “pinza voxsocialista” contra el PP).
La cuestión es que Abascal ha cambiado de estrategia y ahora es partidario de que, allá donde su partido sea determinante, Vox comparta gobiernos con el PP en aquellas comunidades en las que ambas formaciones sumen mayoría. Y estamos a punto de que la ultraderecha denostada por la sobrevalorada María Guardiola regrese al gobierno extremeño con una importante cuota de poder. Y todo indica que el mismo escenario se va a encontrar el aragonés Jorge Mazón.

Carlos Martínez, candidato socialista a la presidencia de la Junta
¿Cómo piensa lidiar ese morlaco el diestro salmantino que viene presidiendo la Junta desde 2019? ¿Va a volver a aceptar las condiciones impuestas por Vox para gobernar en coalición tras las elecciones de 2022? ¿Va a volver a enterrar el Dialogo Social con sindicatos y patronal? ¿Va a olvidarse de una nueva Ley contra la violencia de género para abrazar la de “violencia intrafamiliar” que propone Vox? ¿Va recuperar el proyecto de ley de Concordia que tiró a la papelera tan pronto como la ultraderecha abandonó la Junta?
Panorama ciertamente peliagudo
que podría resolverse con la drástica decisión que viene deslizando el partido
de Abascal: que Mañueco haga mutis por el foro y el PP ponga sobre la mesa otro
nombre si quiere presidir la Junta con el apoyo de Vox. ¿Y cual sería el
destino de “Fonsi”? ¿Acaso uno de los escaños de senador autonómico que corresponderán al PP? Incluso eso
está complicado, dado que uno de ellos parece destinado a proporcionar una salida salida
al consejero contra el Medio Ambiente, Juan Carlos Suárez-Quiñones,
y en el otro se ha apalancado el “segoviano” Javier Maroto, exdirigente nacional del
PP que disfruta de una vicepresidencia de la Cámara Alta.
Todo lo anterior justificaría sobradamente el “acojono” detectado por el socialista Martínez, aunque no creo que sea el caso. En el peor de los escenarios, “Fonsi”, que lleva más de treinta años viviendo de la política, tiene reservado un puesto nato hasta los 70 en el Consejo Consultivo de Castilla y León, donde su antecesor, el desmemoriado Juan Vicente Herrera, se levanta la friolera de 82.356 euracos anuales por pegar medio palo al agua. Entre los dos, a lo mejor pegaban uno.
