“Virgencita, virgencita, que
nos quedemos como estamos”. Cuentan desde la ciudad del
Tormes que esa es la plegaria que las féminas de la familia Fernández/Martín elevan
a la Virgen de la Vega ante las perspectivas electorales que tiene ante
sí el presidente en funciones de la Junta de Castilla y León. Y no es para
menos, puesto que la cosa no pinta nada bien para el inquilino del Colegio de
la Asunción, donde han reaparecido durante la presente campaña electoral los
antiguos fantasmas que dicen que pululaban por el inmueble antes de que el
primer presidente de Castilla y León, el socialista Demetrio Madrid,
decidiera trasladar allí el primer gobierno de Castilla y León, residenciado entonces
de forma provisional nada menos que en el Palacio de la Isla, el edificio
burgalés donde el cabecilla del golpe militar de 1936 ubicó temporalmente la
sede del gobierno de los sublevados el 18 de julio contra el régimen
democrático de la Segunda República.
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| Mañueco y Feijóo, dos hombres y un destino |
Como ya señalaban los sondeos anteriores, el PSOE no sufriría, ni de lejos, el desplome registrado en las elecciones extremeñas y aragonesas. Con una estimación de voto cifrada entre el 28,4 y el 29,8, los socialistas perderían como mucho dos escaños, pudiendo mantener su resultado de hace cuatro años (28 procuradores) e incluso mejorarlo con un escaño más. Y Vox, que parte del 17,6 por ciento de los votos que le reportaron 13 procuradores en 2.022, escalaría hasta rozar o superar el 20 por ciento, pudiendo ganar entre uno y cinco escaños.
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| Sánchez y Martínez en un mitin en Burgos |
Cuando hace casi tres semanas el CIS publicó su sondeo sobre las elecciones autonómicas en Castilla y León, me aventuré a decir que -en contra de la “fachosfera” regional que se apresuró a lanzar todo tipo de denuestos contra José Félix Tezanos- a mí esas previsiones no me parecían muy desencaminadas. Pronosticaba una ligera ventaja del PP sobre el PSOE (33,4 por ciento frente a 32,3) y un ligero retroceso de Vox, que bajaba del 17,6 de 2.022 a un 16,1. En este retroceso de la ultraderecha coincidía el sondeo de “Sigma Dos” publicado días después después por “El Mundo”, que atribuía al PP un 35,8 por ciento, un 29,8 al PSOE y un 16,8 por ciento a Vox. “Sigma Dos”, una compañía muy mediatizada por el PP de Mañueco, posteriormente se enmendaba a sí misma, atribuyendo a Vox una intención de voto del 19,6 en el sondeo difundido la pasada semana por “Castilla y León TV” y un 19,8 en el publicado este lunes por “El Mundo”.
Una negociación a cara de perro.- En todo caso, el escenario resultante es que el PP necesitará del apoyo de Vox para seguir manteniendo la presidencia de la Junta de Castilla y León. Con varias circunstancias adversas para el candidato a la reelección. En primer lugar, que la correlación de fuerzas entre PP y Vox va resultaría ahora más desfavorable para Mañueco que la existente en 2.022 (Si entonces casi le sacan a “Fonsi” la hijuela, ahora exigirían media herencia).
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| Abascal y Pollán en un mitin electoral de Vox |
Otras dos circunstancias penalizan la posición del PP en esa negociación. Una de ellas el grave deterioro de la relación entre ambos partidos tras la ruptura del pacto de gobierno, reflejado en el episodio del “burruño”, un desprecio que Vox piensa hacerle pagar. Y por si fuera poco todo lo anterior, Abascal ha hecho “casus belli” del exceso verbal de Mañueco cuando en el fragor del primer debate televisivo a tres acusó a Vox de ser partidario de arrojar al mar a los inmigrantes sin papeles.
Todo ello hace extraordinariamente penosa la negociación a mantener por el PP con Vox tras las elecciones del próximo domingo. Al punto de que, si quiere mantener la presidencia de la Junta, Mañueco va a tener que arrastrarse de la misma forma tan patética como lo está haciendo María Guardiola, la presidenta extremeña. Llegados a este punto, la salida más digna y airosa para Mañueco sería la de echarse a un lado y dejar que otro procurador/a del PP se coma ese indigesto marrón. A su alcance tiene uno de los tres escaños del Senado por la comunidad (ojo, que a Vox no le dé también por incluir uno entre sus exigencias) y a un puesto en la lista del PP al Congreso de los Diputados en las próximas elecciones generales.
Y luego está la lectura en clave nacional de este 15-M. Ni que decir tiene que, si se confirman las previsiones de los sondeos, el próximo domingo en Génova se felicitarán de puertas afuera por la nueva victoria electoral. Pero de puertas adentro cabreo con el PP de Mañueco va a ser monumental. En la estrategia trazada por Feijóo para conquistar La Moncloa, el estancamiento electoral del partido en Castilla y León supondrá un revés difícil de ocultar. Lo contrario que en el PSOE, que recuperaría el resuello tras los batacazos de Extremadura y Aragón.


