viernes, 27 de marzo de 2026

La trastienda/ Ceremonia de apareamiento político

 La resaca política del pasado 15-M ha dado ha dado paso en Castilla y León a la esperada ceremonia de apareamiento en la que la derecha extrema (PP) y la extrema derecha (Vox) ya están destensando las tormentosas relaciones mantenidas durante los dos últimos años. De eso exclusivamente es de lo que sirven los contactos iniciados, ya que lo de alcanzar un nuevo acuerdo programático y repartirse de nuevo el poder en las instituciones autonómicas es algo que desborda a "Fonsi" Fernández Mañueco (por muy crecido que éste esté tras el entusiasmo desatado en Génova por sus resultados electorales: al parecer teníamos aquí un “estadista” y ni siquiera los mejor engrasados por su “chequera mediática” se habían percatado de ello) y no digamos a los compañeros de viaje agraciados aquí por el dedo de Santiago Abascal.

Carlos Pollán (Vox) y Fernández Mañueco (PP)
 Mientras que a través de ese decálogo-manual para pactar con Vox -¿con quién si no?-  el PP delimitó, aunque fuera de manera un tanto difusa, sus supuestas líneas rojas, Abascal ha encomendado a sus fieles del minarete de  Bambú que supervisen al detalle cada pacto a cerrar con la que “derechita cobarde”. Acabamos de ver que en Extremadura se está ocupando de esa tarea nada menos que el inefable José María Figaredo, el aflautado sobrinísimo del insigne e insaciable don Rodrigo (me cuentan que cada vez que aparece por Navafría, mis paisanos de la sierra segoviana se echan la mano a la cartera o, en su caso, a la faltriquera).

 A Mañueco le gustaría llegar al aniversario de la II República con el acuerdo sellado en Castilla y León. Naturalmente, no porque el 14 de abril sea para él una efemérides apreciada, sino porque resulta ser la fecha fijada para la constitución de las Cortes electas el pasado 15-M, sesión en la que, además de tomar posesión, sus señorías proceden a elegir a quienes ocuparán la presidencia, las dos vicepresidencias y las tres secretarías que integran la Mesa que gobierna el “mausoleo” de Villa del Prado.

Habida cuenta de lo ocurrido en la Legislatura anterior -en la que, después de que Vox abandonara su representación en la Junta, el PP perdió el control de la Mesa de las Cortes, sufriendo a causa de ello sucesivos y “ostentóreos” revolcones parlamentarios-, “Fonsi” se ha marcado como objetivo irrenunciable el de recuperar la presidencia del Parlamento de la comunidad. 

Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal
Y, dado el sistema que rige para la elección de la Mesa, eso no lo tiene garantizado si llegado el 14 de abril no cuenta con el apoyo de Vox. No descartaría un eventual pacto previo al respecto en el que la contrapartida consista en el apoyo del PP a la ultraderecha para que ésta acceda a uno de los tres escaños de senador correspondientes a la comunidad autónoma.

 En lo demás, habrá que esperar para conocer las capitulaciones formales de este nuevo matrimonio de conveniencia en cuanto a reparto de poder en el nuevo Consejo de Gobierno de la Junta y tamaño de las tragaderas  del PP ante el “burruño” y demás exigencias programáticas/ideológicas de Vox. El antecedente de lo ocurrido en 2.022 pesa como una losa en aspectos de gobierno tan importantes como el Diálogo Social, dinamitado por el gobierno de entonces con premeditación, diurnidad y la alevosía que caracterizó a aquel estrafalario consejero de Industria que atendía al nombre de Mariano Veganzones.

 De momento, lo único que ha dejado claro Abascal es que Vox entrará en los nuevos gobiernos autonómicos de Extremadura, Aragón y Castilla y León. Para incordio de Mañueco, que preferiría disponer en exclusiva el organigrama de altos cargos (alrededor del centenar) del Ejecutivo autonómico. 

Juan Carlos Suárez-Quiñones
Por mucho que no se haya cansado de restregar a Vox que al abandonar la Junta dejó la tarea a medias y tirada a gente como los agricultores, lo cierto es que cuando tal cosa se produjo a “Fonsi” solo le faltó pedir prestadas las orejas a “Dumbo”, el consejero paralelo de Medio Ambiente, para aplaudir con ellas la decisión tomada por Abascal. Más que nada porque gracias a ella disponía de una veintena de altos cargos con los que premiar a otros tantos afines.
 Y hablando de todavía consejero de Medio Ambiente, el futuro político de Juan Carlos Suárez-Quiñones sigue en el aire, aunque si no encuentra hueco como titular de uno de los escaños autonómicos en el Senado, tendrá que esperar a las elecciones generales para ocupar un puesto de salida (nunca mejor dicho lo de salida) en las listas del PP por León.

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