jueves, 17 de septiembre de 2026

La trastienda/ Mañueco, más a gusto que en brazos

  A simple vista, pudiera parecer que lo del nuevo gobierno de Castilla y León es un “déja vu”, pero a poco que se analice el panorama puede advertirse que situación dista mucho de la derivada del anterior encamamiento entre PP y Vox. Y muy a favor del entonces y ahora presidente “Fonsi” Fernández Mañueco

Mañueco en el Colegio de la Asunción
 A finales de 2021, tras su frivolidad de dinamitar su gobierno con Ciudadanos y anticipar las elecciones autonómicas creyendo que el PP iba a fagocitar casi a por completo al electorado del partido naranja, Mañueco se llevó el monumental chasco de empeorar en votos su resultado de 2019. Y salió del trance plegándose a las exigencias de Santiago Abascal, que poco más y le saca la hijuela: la presidencia de las Cortes, tres consejerías y una vicepresidencia para Juan García- Gallardo, el niñato malcriado al que el líder de Vox había tenido a bien encomendar la candidatura ultra a la presidencia de la Junta.

 Hace al caso recordar que Mañueco perpetró es pacto actuando por libre, aprovechando el vacío de poder que se produjo en Génova entre la defenestración de Pablo Casado -contrario a los pactos con Vox- y el aterrizaje en Madrid de Alberto Núñez Feijóo, que hizo como que no se daba enterado.

 La situación ha dado un vuelco desde entonces. El PP de Feijóo ha terminado mimetizándose con Vox hasta extremos de conformar hoy un bloque casi monolítico. Verbigracia, su portavoz parlamentaria, Ester Muñoz  -la leonesa otrora protegida de Mañueco y del compadre de éste, Fernando Martínez Maillo- por momentos desborda por la derecha a Pepa Millán,su homóloga ultraderechista. Otro tanto cabe decir de respecto a los números dos de ambas formaciones, Miguel Tellado e Ignacio Garriga. (Recuérdese que Tellado llegó a sugerir nada menos que el despliegue de barcos de la Armada Española para neutralizar en alta mar los cayucos que navegaban hacia territorio español).

Carlos Pollán, vicepresidente de la Junta
 En 2026, Mañueco ya no es aquel pionero rendido sin condiciones ante Vox. Antes que él, lo han hecho este mismo año la extremeña María Guardiola (infame papelón, el suyo), el aragonés Jorge Ázcón (el genio que tuvo la ocurrencia de invitar al agitador ultra Víctor Quiles para animar el cierre de su campaña electoral) y, después, “Juanma” Moreno (el que iba de moderado frente al radicalismo derechista de Isabel Díaz Ayuso).

 A Mañueco el pacto con Vox le ha salido muchísimo más barato que el de 2022. No solo porque esta vez no ha dejado en manos de la ultraderecha la presidencia de las Cortes, donde ha colocado a su fiel escudero Paco-Paquito-Paquete Vázquez. Además de eso, el perfil y “modus operandi” del nuevo vicepresidente primero, Carlos Pollán, no tiene nada que ver con el del defenestrado García-Gallardo, un descerebrado político sin precedentes en la vida pública de esta comunidad autónoma. (Eso sí, que nadie se confunda: formas aparte -Pollán tiene aspecto de empleado de banca o vendedor de seguros- los dos tienen el mismo pensamiento antediluviano, esto es, el que dicta Abascal ilustrado por sus bienpagados asesores Monasterio y Ariza).

 Asimismo, Mañueco ha tenido buen cuidado de alejar a Vox de la consejería encargada del “Diálogo Social”, evitándose así el grave conflicto con los sindicatos y la patronal provocado en la anterior etapa por otro descerebrado político de primera, el que fuera consejero Mariano Veganzones.

Carlos Martínez y Luis Tudanca
  Así pues, tenemos que Mañueco afronta este nuevo mandato más a gusto que en brazos, sin que la nueva oposición encabezada por Carlos Martínez esté precisamente como para tirar cohetes. No solo por tener que cargar con el desgaste del gobierno Sánchez, sino también por los granos que representan los dos principales alcaldes socialistas, el leonés José Antonio Díez y la palentina Miriam de Andrés, ambos a cual más antisanchista.

  De hecho, mientras Martínez se ha visto forzado por sus padrinos Puente y Cendón a apear a Luis Tudanca del escaño de senador autonómico (ojo no le recoloque como cuota socialista en alguna institución autonómica), Mañueco se ha permitido el lujo de otorgar ese mismo retiro dorado en la Cámara Alta al salmantino Javier Iglesias, espejando con ello el camino para colocar a otro propio en la Diputación salmantina. Y para completar el  cuadro se ha normalizado que un vasco de pura cepa, Javier Maroto, el exalcalde de Vitoria que defendía la anexión del Condado de Treviño al País Vasco, represente a Castilla y León en el Senado. Casi el día de la marmota.