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Cuando abrí este blog llevaba 30 años ejerciendo el periodismo en Castilla y León, todo ese tiempo siguiendo la actualidad politica regional y, en particular, las andanzas de las instituciones autonómicas. Una excitante experiencia que, después de un paréntesis técnico, vuelvo a compartir con quienes se dejen caer por aquí.

jueves, 30 de enero de 2014

Una Convención gafada

 Comentaba con sorna el otro día “El topillo” que a la Convención Nacional del PP que se inicia mañana en Valladolid le había mirado un tuerto. A tenor del cúmulo de acontecimientos negativos que la han precedido en los últimos días, se diría que estamos ante un cónclave gafado que antes de celebrarse ha producido justo los efectos contrarios a los pretendidos.


 Que yo recuerde, este tipo de convenciones del PP nunca han tenido otro objeto que el puramente propagandístico. Ni existe debate ideológico, ni se concreta ningún programa, ni los órganos de dirección rinden cuentas. 
José María Aznar y Jaime Mayor Oreja
 En este caso se trataba de lanzar la campaña preelectoral de las próximas elecciones europeas, exhibiendo el músculo político de un partido unido como una piña en torno a un gobierno que ha conseguido la proeza histórica de sacar a España del marasmo económico en el que la dejó Zapatero.  Seguir machacando con el mantra de la recuperación económica y proyectar esa imagen de unidad inquebrantable del PP eran sin duda los fines perseguidos por esta convención.

Pero la realidad es muy tozuda y no se ha adaptado al guión ideado por los estrategas de la calle Génova. El PP llega a Valladolid más convulso que nunca, con unas tensiones internas que ya han reventado alguna de sus costuras. La creación de “Vox” -reforzado ahora con la fuga de Alejo Vidal Quadras-, el frente que tiene abierto con las víctimas del terrorismo, la espantada de Jaime Mayor Oreja y el plantón de José María Aznar hablan por si solos. Y ello sin contar con el pifostio interno que ha provocado la ultramontana reforma de la Ley del Aborto, otro bumerán provocado por el propio Gobierno.

 De ser cierto que, con una reforma tan retrógrada como la de Gallardón, el PP pretendía congraciarse con el ala mas conservadora del partido, a la vista está que la ha pifiado totalmente. Ha activado el malestar de una gran parte de la militancia,  ha dado alas a la oposición al punto de que el PSOE de Rubalcaba se ha puesto por delante en las encuestas -que ya tiene mérito- y ha causado estupor en Europa, donde hasta la ultraderechista Marine Le Pen considera pasada de vueltas la reforma Gallardón. Además de todo eso, la polémica sobre el aborto ha acaparado el debate político en el último mes, en detrimento del mantra de la sedicente recuperación económica.

Rajoy, Cospedal y Floriano en un acto del PP
He dicho antes que en la Convención de Valladolid no se discutirá ningún programa, ni siquiera el que presente el PP a las próximas elecciones europeas, cuyo nuevo cabeza de cartel tampoco está previsto que se de a conocer este fín semana. Sin embargo, servirá para validar en la práctica todo el rosario de incumplimientos del programa electoral con el que Rajoy ganó las elecciones generales de 2011. En aplicación del principio de que el fin justifica los medios, todo se dará por bueno en aras de esa recuperación económica que los ciudadanos, torpes de nosotros, seguimos sin percibir. (Y al parecer tampoco el Fondo Monetario Internacional, que en otro caso no tendría la desfachatez de recomendar que los sueldos sigan bajando en España...)

 No se hablará  para nada en Valladolid ni de la reforma del aborto, ni tampoco de esa reforma fiscal que se trae entre manos Cristobal Montoro. Y no está previsto aprovechar el cónclave para intentar aproximar posturas sobre otra monumental bronca que tiene aplazada el PP: las irreconciliables posiciones de sus barones territoriales sobre el nuevo modelo de financiación autonómica. Como mucho, es posible que dichos barones se jacten de la forma en que todos ellos han decidido pasarse por el forro el copago farmacéutico hospitalario de la ministra Mato.

 Por lo demás, ya comenté el otro día aquí que Juan Vicente Herrera, el PP de Castilla y León y la Junta tampoco llegan a este cónclave en su mejor momento. Por más que se afanen los voceros de costumbre, el panorama que presenta esta comunidad resulta deprimente y la Junta no está en condiciones de dar lecciones de nada a los demás gobiernos autonómicos.

Los consejeros de Sanidad, Familia y Educación
 El gasto social no ha dejado de caer desde 2010. La consejería de Sanidad cuenta en 2014 con 318 millones menos que hace cuatro años, el presupuesto de la de Educación es inferior en 422 millones y el de Familia en 70. En total las tres consejerías gestionan este año 810 millones menos que en 2010. 
Y por si alguien  había pensado que los recortes sociales habían quedado atrás, ahí está la “reorganización” de los servicios de atención primaria con la que el consejero Sáez ha vuelto a agitar la Sanidad rural. (Parece que no escarmentó tras la marcha atrás que tuvo que dar en el cierre de las guardias médicas nocturnas suprimidas en su día).

 Aunque nada como la astronómica morterada que ha costado el ensayo privatizador del Hospital de Burgos, cuyo contrato, además de estar siendo investigado por la Comisión Europea, va a ser denunciado ante elTribunal de Cuentas por el PSOE, que eleva el coste final de dicho centro hospitalario a 528 millones de euros, nada menos que 285 millones por encima de los 242,8 en los que fué adjudicado. Por no recordar los 100 millones de euros “invertidos” en la fantasmal  Ciudad del Medio Ambiente, desautorizada por el Tribunal Constitucional, y que solamente era el primero de los tres proyectos megalómanos agrupados bajo el nombre de “Cúpulas del Duero”. Y me he estoy limitando a señalar solo un par de ejemplos.

 En fin que, dicho en términos taurinos, a la Junta y a sus voceros oficiales y oficiosos más les valdría taparse un poco…

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