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Cuando abrí este blog llevaba 30 años ejerciendo el periodismo en Castilla y León, todo ese tiempo siguiendo la actualidad politica regional y, en particular, las andanzas de las instituciones autonómicas. Una excitante experiencia que, después de un paréntesis técnico, vuelvo a compartir con quienes se dejen caer por aquí.

jueves, 24 de abril de 2014

Villalar, la desactivación de un símbolo

 Atrás ha quedado el 23 de abril, el Día de Castilla y León, una celebración cada año más oficializada y alejada de la fuerza reivindicativa que tuvo en el pasado. Esta última comenzó a descafeinarse a raíz de que el PP, tras comprobar que la concentración de Villalar sobrevivía sin su presencia, cambio de estrategia y se aplicó el viejo principio según el cual “si no puedes vencer al enemigo, únete a él”.


Herrera ayer durante su tempranera visita relámpago a Villalar 
 La creación de la Fundación Villalar fue el puente institucional por el que la Junta y las Cortes, que durante 14 años habían dado la espalda a la convocatoria de Villalar, se hicieron presentes en la campa. Y tras aquellas visitas semiclandestinas de Juan Vicente Herrera en sus primeros años de mandato, en 2006 el PP se incorporaba a las organizaciones políticas y sociales firmantes del tradicional Manifiesto de Villalar.

Ya he comentado en otras ocasiones que eso que se dió en llamar la “normalización de la fiesta de comunidad” admitía dos lecturas contrapuestas. Una es que la derecha, haciendo de la necesidad virtud, se había visto obligada a aceptar como patrimonio común un símbolo abanderado por la izquierda. La otra es que esa derecha ha tenido la habilidad de arroparse con una bandera que la izquierda tenía por exclusiva. Con la perspectiva del tiempo, creo que el gran y único beneficiado de esa transacción ha sido el PP, sobre todo después de la lamentable desaparición del Manifiesto de Villalar.

 Dicho Manifiesto obligaba a reflexionar año tras año sobre la situación de Castilla y León, señalando sus problemas sociales y económicos más acuciantes y demandando soluciones a las administraciones competentes. Ese diagnóstico común era toda una patata caliente para el PP, como no puede ser de otra forma tratándose del partido que gobierna esta comunidad desde hace 27 años. En el año 2012 la reforma laboral y la escalada de recortes sociales aplicada por el gobierno Rajoy hicieron extremadamente difícil el consenso sobre el Manifiesto, que aun así a última hora se salvó, entre otras cosas porque el PP ni podía ni quería presentarse como el causante de la ruptura.

Ofrenda socialista ante el monolito de Villalar
 La sorpresa fue que al año siguiente, 2013, se acordara suprimir el Manifiesto sin siquiera emprender su negociación, y que fuera precisamente Izquierda Unida, la formación política que durante décadas mas se había significado por mantenerlo, quien se encargara de certificar su defunción. Su coordinador autonómico y único procurador en las Cortes, José María González, afirmaba con toda frialdad que se trataba de algo  “innecesario” y “superado”.

No puedo estar mas en desacuerdo con esa opinión. Con todas sus limitaciones y dificultades, ese diagnóstico común resulta hoy, si cabe, más imprescindible que nunca. ¿O es que han desaparecido y se han superado los gravísimos problemas que aquejan a esta comunidad autónoma? Cierto que estos no se van a resolver por el mero hecho de figurar en un Manifiesto, pero menos aún si ni siquiera se ponen de relieve colectivamente con ocasión del 23 de abril. Resulta obvio decir que el gran beneficiado de la supresión del manifiesto no ha sido otro que el Partido Popular, máximo responsable, por acción u omisión, del alarmante declive social y económico de Castilla y León.

 Frente al discurso retórico y sin el menor atisbo de autocrítica que nos en endilga cada año Juan Vicente Herrera en el acto de entrega de los Premios Castilla y León, el Manifiesto de Villalar ponía el contrapunto de la realidad que sufre Castilla y León. Esa que se acaba de reflejar con la pérdida en 2013 de otros 27.180 habitantes, dato que no mereció ningún tipo de consideración en ese discurso del presidente de la Junta. Un discurso en el que apenas dedicó un párrafo a “las familias y personas más directa y gravemente afectadas por la crisis”, a los que “queriendo trabajar, no pueden hacerlo” y “a los que viven en los complejos límites de la exclusión social”.

Presentación del Manifiesto de la Cumbre Social
 Ese contrapunto lo ha puesto en esta ocasión la Cumbre Social de Castilla y León con un manifiesto convocando a Villalar en el que se recuerda que, según la última EPA, hay en esta comunidad 250.800 personas sin empleo, de las cuales 114.890 carecen de prestación alguna. Que hay cerca de 100.000 familias con todos sus miembros en paro y que el 21 por ciento de la población vive por debajo del umbral de la pobreza (porcentaje éste que UNICEF eleva hasta el 24,9 en el caso de los menores de edad).


Tras la supresión del Manifiesto y el proceso de banalización del símbolo que viene perpetrando la Fundación Villalar -lo de las plastilinas y los playmobiles es casi de escarnio-, el carácter reivindicativo que antes caracterizaba al 23 de abril se está convirtiendo en algo cada vez más residual. Cautiva y desarmada la oposición, puede decirse que el plan de desactivación trazado por el PP está alcanzado sus últimos objetivos.


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