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Cuando abrí este blog llevaba 30 años ejerciendo el periodismo en Castilla y León, todo ese tiempo siguiendo la actualidad politica regional y, en particular, las andanzas de las instituciones autonómicas. Una excitante experiencia que, después de un paréntesis técnico, vuelvo a compartir con quienes se dejen caer por aquí.

lunes, 2 de marzo de 2015

Un sorprendente descarte de Herrera

Aunque presuman con ello de democracia interna, en el fondo las primarias son para la mayoría de los dirigentes de los partidos que las convocan una especie de concesión, por no decir un “mal necesario”, que conlleva el riesgo de que a la militancia le de por dejar con el culo al aire a los candidatos del aparato (y con ellos al aparato mismo). Lo sabe especialmente bien el PSOE, que, tras aquella inesperada victoria de Josep Borrell sobre el entonces secretario general, Joaquín Almunia, no pudo estrenar el sistema de peor forma: El ganador presentó su renuncia y dejó vía libre al perdedor, derrotado a continuación con estrépito por José María Aznar.


 Fue la primera vez que el veredicto soberano de la militancia quedaba en agua de borrajas. La última ha sido con el “cambiazo” de Tomas Gómez por Ángel Gabilondo en la comunidad de Madrid, un episodio que, salvando las distancias, recuerda al que se produjo en 2003 con el candidato socialista a la Alcaldía de Segovia. El ganador de las primarias, “Chiqui” García Cantalejo, fue forzado a renunciar para dejar su puesto a otro candidato que ni siquiera militaba en el partido, Pedro Arahuetes, alguien hasta entonces sin ninguna trayectoria política. Y nunca sabremos que resultados hubiera obtenido “Chiqui”, pero lo cierto es que Arahuetes ganó aquellas elecciones y las dos siguientes, proporcionando al PSOE doce años de gobierno municipal.
Emilio Gutiérrez y Juan Vicente Herrera

 Con el “dedazo” y tente tieso que aplica el PP para designar a todos sus candidatos, no existe el riesgo de que los “elegidos” sean revocados por la dirección. Podrán gustar más o menos, pero si algún dirigente está en desacuerdo con el ungido, bien se cuidará de discrepar en público. El designio de la superioridad no admite contestación.

Aún así, el PP siempre ha observado una norma no escrita, cual es que el presidente o alcalde que está gobernando tiene ganado el derecho a repetir como candidato hasta que se aburra, así lleve 20 años en el cargo. Normalmente solo es sustituido si renuncia a seguir por propia iniciativa, como ha hecho la alcaldesa de Zamora, Rosa Valdeón, y es o era la voluntad inicial del alcalde de Ávila, Miguel Ángel García Nieto. Si está en duda la calle Génova -que no en las vallisoletanas de Alcalleres y María de Molina-  la candidatura de Javier León de la Riva se debe exclusivamente al alto coste electoral que tendría para el PP en toda España la foto de un alcalde-candidato sentado en el banquillo de los acusados para responder de un delito de desobediencia judicial por el que puede ser inhabilitado para ejercer cargo publico.

En aplicación de esa norma no escrita se daba por hecho que los otros cuatro alcaldes del PP que gobiernan en capitales de provincia iban a repetir candidatura. Máxime cuando en todos ellos, Emilio Gutiérrez (León), Javier Lacalle (Burgos, Alfonso Fernández Mañueco (Salamanca) y Alfonso Polanco (Palencia) concurre la doble circunstancia de que ganaron las anteriores municipales por mayoría absoluta y no han tenido tiempo de cansarse porque están agotando su primer mandato. De ahí que resulte sumamente sorprendente el “dedazo” con el que Juan Vicente Herrera ha decidido prescindir de uno de esos alcaldes, el leonés Gutiérrez, para endosar la candidatura a la alcaldía de León al consejero de Fomento, Antonio Silván.


Antonio Silván
Es cierto que en 2011 se planteó la posibilidad de que Silván asumiera dicha candidatura y ello tenía toda la lógica, ya que el PP estaba en ese momento en la oposición municipal y buscaba un nuevo cartel con el máximo tirón electoral. No hubo lugar porque entonces la presidenta provincial del partido, Isabel Carrasco, no quería ver al consejero de Fomento ni en fotografía, ante lo cual Herrera plegó velas y zanjó el asunto asegurando que Silván seguiría en primera línea de la política autonómica, afirmación que de paso resituó al consejero en la órbita de la quimérica sucesión presidencial.

Y sin embargo es ahora el propio Herrera el que, contra toda lógica y pronóstico, impone a Silván, desautorizando a un alcalde que hace cuatro años ganó con mayoría absoluta y cuya labor estaba siendo presentada como ejemplar y modélica por el PP y por los mas conspicuos voceros de la Junta, que hace nada no dudaban en elevar su gestión a la categoría de milagro político. ¿Hay quien lo entienda? No resulta fácil, menos aún si se tiene en cuenta que a la postre no es Gutiérrez el único sacrificado por esta inesperada operación. Mucho más que él -cuya docilidad será pronto compensada- lo es el propio Silván, quien el mejor de los casos dejará de ser consejero de la Junta para ser alcalde (en el peor, concejal jefe de la oposición).

¿Qué ha llevado al presidente de la Junta y del PP autonómico a dar un paso con el que se hace directamente responsable de la pérdida de la alcaldía de León si Silván no consigue mayoría suficiente para recoger el testigo de Gutiérrez? La facilona excusa de los sondeos no se sostiene, ya que entonces el PP tendría que cambiar prácticamente a todos sus candidatos. ¿No será que, más que tapar un hueco que estaba cubierto, Herrera ha querido quitarse de encima al actual titular de Fomento para meter una cara nueva que represente a León en el gobierno que aspira a seguir presidiendo tras las elecciones autonómicas?
Josefa García Cirac

 El hecho es que con el descarte de Silván ya son tres los actuales consejeros que no repetirán en ese futuro gobierno que, a lo que se ve, Herrera tiene ya muy in mente. Juan José Mateos fue el primero que se dio a sí mismo por amortizado, como también lo está, aunque él no lo explicite, Tomás Villanueva, quien lleva la friolera de 20 años siendo consejero. La diferencia con respecto a los anteriores es que a Silván no se le daba por amortizado ni lo está, sino que Herrera ha dejado de considerarle imprescindible en la Junta.

Al mismo tiempo, cobra cada vez más verosimilitud la posibilidad, recogida aquí hace dos semanas, de que el consejero de la Presidencia y Portavoz de la Junta, el inmarcesible José Antonio de Santiago-Juárez, se autopropulse como nuevo presidente de las Cortes. De hecho, ya se apunta el nombre de la actual presidenta de la Cámara, Josefa García Cirac, como futura consejera de Educación, en tanto que la consejería de la Presidencia y la portavocía serían heredadas por Rosa Valdeón. Aunque ambas son zamoranas, la primera seguiría ocupando cuota por Salamanca, lo cual, dicho sea de paso, puñetera gracia le hace al PP salmantino.