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Cuando abrí este blog llevaba 30 años ejerciendo el periodismo en Castilla y León, todo ese tiempo siguiendo la actualidad politica regional y, en particular, las andanzas de las instituciones autonómicas. Una excitante experiencia que, después de un paréntesis técnico, vuelvo a compartir con quienes se dejen caer por aquí.

lunes, 17 de febrero de 2014

Febrero loco, un día peor que el otro...

 A partír de la pasada convención celebrada en Valladolid, el PP se había propuesto salvar el reto de las elecciones europeas del 25 de mayo centrando el debate político en torno a la idea-fuerza de la pretendida recuperación económica. Más allá de su limitada trascendencia real, esa cita con las urnas permitirá comprobar hasta donde castiga el electorado el rosario de incumplimientos y estropicios sociales ocasionados por el gobierno de Mariano Rajoy.


Mariano Rajoy
Perder esas elecciones frente al PSOE, aunque sea por un solo voto, tendría un importante efecto psicológico de cara a lo que resta de legislatura y a la doble confrontación electoral (municipales y autonómicas) de mayo de 2015. Por supuesto que también se la juega Rubalcaba, quien sigue sin decir su última palabra, y el resto de las fuerzas políticas en liza, tanto las mas beneficiadas a priori por el desgaste de los dos partidos mayoritarios (IU y UPyD), como las numerosas y diversas formaciones emergentes que, al rebufo del desplome del bipartidismo, van a aprovechar la cita europea para intentar hacerse un hueco en el mapa político nacional.

Sin embargo, a estas alturas de febrero el PP sigue sin designar al sucesor de Mayor Oreja al frente de su lista europea y, lo que es peor, no consigue situar en el primer plano político la supuesta recuperación económica. En las tres semanas posteriores a la convención de Valladolid las ha tenido tiesas internamente para nombrar un nuevo líder en Andalucía, no ha conseguido resolver la división que ha producido en sus propias filas la ley Gallardón, ha visto como se enconan los enfrentamientos entre sus barones por cuenta del futuro modelo de financiación autonómica y ha escrito en Ceuta una infame página que abochorna a cualquier país democrático. Todo ello mientras sigue pudriéndose el problema catalán y Rajoy anda dandole vueltas a una posible crisis de gobierno que, de producirse alrededor del próximo debate sobre el Estado de la Nación, sería inminente.

Arias Cañete y Juan Vicetne Herrera
TIEMPO PARA LA RUMOROLOGÍA.- Esa posible crisis de gobierno ha desatado la rumorología habitual. “El topillo” comentó hace un par de semanas que, en el caso de que el elegido para encabezar la lista europea fuera Arias Cañete, su sucesora natural en el ministerio de Agricultura sería Isabel García Tejerina, la vallisoletana que ocupa el número dos del departamento. Sin embargo, posteriores rumores has situado como destinatario de esa cartera nada más y nada menos que a Juan Vicente Herrera, futurible al que no han dado el menor pábulo ni el interesado ni su entorno político y mediático.

Aunque su deseo era que el actual fuera su último mandato, lo cierto es que Herrera sigue manteniendo su indefinición al respecto, lo cual deja abiertas todas las posibilidades, incluida la de hacer mutis por el foro de la noche a la mañana si Rajoy le asigna otro destino político. A fín de cuentas estaría repitiéndose la historia de 2001, cuando José María Aznar nombró ministro a Juan José Lucas y éste cedió el testigo precisamente al propio Herrera. Lo de menos es que su destino fuera el ministerio de Agricultura, cartera por cierto ocupada en su día por un ex presidente de la Junta, Jesús Posada, y por una segoviana de adopción política, la malograda Loyola de Palacio. Y tampoco sería el único presidente de una comunidad gobernada por el PP que deja el cargo ahora: Ramón Luis Válcarcel cambia la presidencia de Murcia por un escaño europeo y otro ilustre veterano, Pedro Sanz, también está buscando salida. En el caso de Herrera, las posibilidades no se agotan en un ministerio, ya que tampoco le haría ascos por ejemplo a una plaza en el Consejo de Estado.

 La incógnita se despejará en breve, al igual que el rumor sobre la posible inclusión del consejero de Economía, Tomás Villanueva, en la lista europea del PP. En el caso de que  presidente de la Junta siga en su puesto, la salida de Villanueva le permitiría afrontar un reajuste de gobierno más amplio que el del mero nombramiento de un nuevo titular de esa consejería. Sería la ocasión pintiparada para reincorporar a Rosa Valdeón, con la que Herrera está en deuda desde el día en el que sacrificó su brillante trayectoria en la Junta en aras de salvar la alcaldía de Zamora.

Óscar López  y Pedro Arahuetes
 En todo caso el actual presidente de la Junta o su eventual sucesor no conocerán hasta el otoño a su contrincante socialista. Aunque a fecha de hoy Óscar López y Julio Villarrubia están emplazados a medirse en unas elecciones primarias, personalmente no acabo de ver al secretario federal de Organización y al secretario autonómico del partido disputándose el voto de la militancia. Lo lógico es que uno de los dos se bata antes en retirada. Y ese, si López persiste, tendrá que ser Villarrubia, quién, para disgusto de la Junta, está en clara minoría en su propia ejecutiva, en el grupo parlamentario de las Cortes y en la mayoría de las agrupaciones provinciales del PSOE.


ALCALDES DANDO LA NOTA.- Y justo cuando la bicefalia se ha dado una tregua hasta las europeas, los socialistas de Castilla y León se han encontrado con la intempestiva renuncia del alcalde de Segovia, una de las dos únicas capitales de provincia con gobierno municipal socialista. Los motivos de su decisión solo los conoce Pedro Arahuetes y no ha tenido a bien explicarselos a la ciudadanía, lo cual me parece una injusticable falta de respeto democrático. Tan criticable es largarse súbitamente sin dar explicaciones como aferrarse al cargo de la forma que lo han hecho dos alcaldes tan cuestionados como los de Valladolid y Burgos.

 Su imputación por un presunto delito de desobediencia le ha venido al pelo a Javier León de la Riva para postularse como candidato de nuevo a la Alcaldía en 2015. Y, para mayor escarnio ciudadano, ahora con el respaldo pleno y unánime del PP, sin las reticencias que provocó meses atrás su primera postulación. Y en cuanto al alcalde de Burgos, Javier Lacalle, puede admitirse que su patética actuación en el conflicto de Gamonal no le deslegitime democráticamente para mantenerse en cargo. Pero su negativa a explicar la presunta manipulación de su declaración de bienes depositada en el Ayuntamiento le descalifican para seguir representando a los ciudadanos burgaleses. Y ahí sigue, sin inmutarse. Comprensible por otra parte en alguien con un curriculum personal en el que no consta ningún antecedente profesional fuera de la política…