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Cuando abrí este blog llevaba 30 años ejerciendo el periodismo en Castilla y León, todo ese tiempo siguiendo la actualidad politica regional y, en particular, las andanzas de las instituciones autonómicas. Una excitante experiencia que, después de un paréntesis técnico, vuelvo a compartir con quienes se dejen caer por aquí.

jueves, 29 de mayo de 2014

Paisaje después de la batalla

 Nunca unas elecciones europeas, por sí mismas de trascendencia muy limitada, habían provocado tanta convulsión política como las del pasado domingo. Y ello tiene su lógica. Nunca los dos grandes partidos que se han venido alternando en el poder desde la transición habían sufrido un batacazo simultáneo. Cada ascenso electoral de uno siempre se había correspondido con el descenso electoral del otro y la suma de ambos nunca había bajado de un 75 por ciento de los votos. Ese era el gran pilar del bipartidismo, reforzado además por un sistema electoral (ley D Hont) que además sobredimensiona su representación en escaños.


 El 25-M no se ha producido ningún vuelco electoral, pero ha emergido una corriente de fondo que dibuja un futuro mapa político notablemente diferente al actual. Resulta obvio -entre otras cosas por la circunscripción estatal única y por el nivel de participación- que los resultados  del pasado domingo no son extrapolables a unas elecciones generales, en las que además la apelación al llamado voto útil favorece la bipolarización en favor de las opciones con mayores posibilidades de conformar gobierno. 
 Será muy difícil que en las próximas generales el PP caiga de los 186 diputados actuales a los 137 que le corresponderían con unos resultados como los del pasado domingo, pero resultaría un milagro que en 2015 no bajara de los 176 que marcan la mayoría absoluta. A año y medio de esas elecciones, eso puede darse tan seguro como una nueva correlación de fuerzas en el seno de la izquierda.

 Antes, en menos de un año, habrá ocasión de comprobar como se concreta la decadencia del bipartidismo en el ámbito autonómico y municipal. En lo que respecta a la Junta de Castilla y León, las expectativas de una alternancia política siguen siendo prácticamente nulas. En una situación tan adversa como la de estas elecciones europeas, el PP seguiría manteniendo su mayoría absoluta (43 procuradores) en las Cortes de Castilla y León. Y en el muy improbable caso de que no la alcanzase, la teórica alternativa sería un cuatripartito o quintapartito completamente inviable, ya que nadie se imagina a la UPyD de Rosa Díez pactando con todo el bloque de la izquierda.

Juan Vicente Herrera en su escaño de las Cortes
 Salvo cataclismo, después de 28 años gobernando esta comunidad, el PP volverá a ganar las próximas elecciones autonómicas y seguirá instalado en la Junta. Y así será se presente a la reelección Juan Vicente Herrera o sea cualquier otro el candidato o candidata. Cuestión diferente es que, tratando de conservar sus privilegios y prebendas, el círculo político-mediático que maneja al actual presidente de la Junta haya comenzado a reactivar la campaña “Juanvi quédate” que “El topillo” ya veía venir hace un año (ver archivo).

¿Y qué decir del panorama que se les presenta a los socialistas de Castilla y León ante el estado catatónico en que ha quedado el partido tras las elecciones del pasado domingo? No parece que el enésimo descalabro electoral haya disuadido a Óscar López y a Julio Villarrubia de su propósito de competir por encabezar el cartel socialista en las próximas elecciones autonómicas. La novedad es que, tras el congreso federal extraordinario anunciado para julio, López ya no afrontaría las primarias autonómicas siendo el número tres en Ferraz, lo que colocaría ahora en situación de ventaja al actual secretario autonómico.

 Lo deprimente es que las opciones para encabezar esa candidatura se centren en dos políticos completamente amortizados que, independientemente de su edad, representan el pasado, la vieja forma de hacer política que ha conducido al PSOE a la penosa situación en que se encuentra y de la que son plenamente corresponsables.
Óscar López y Julio Villarrubia
 Ni a López ni a Villarrubia les anima la remota posibilidad de presidir la Junta, sino su aspiración a seguir viviendo de la política desde la cómoda y bien remunerada portavocía del grupo parlamentario socialista de las Cortes de Castilla y León.

 Para colmo de males, la tercera vía que en otro momento pudiera haber representado el “chaconista” Carlos Martínez, alcalde de Soria y secretario provincial del PSOE, se ha ido desvaneciendo, y más después del varapalo recibido por los socialistas sorianos el pasado domingo. ¿Emergerá de aquí a septiembre un candidato alternativo con proyección de futuro, capaz de devolver la ilusión a la militancia del partido en Castilla y León? Para ello resulta condición “sine qua non” que del congreso federal de julio surja un lider sin ataduras pasadas que impulse la imprescindible regeneración y apertura del partido.

 Donde se atisban no pocas posibilidades de alternancia política es en las próximas elecciones municipales, en las que las cómodas mayorías absolutas de las que disfruta el PP en siete de las nueve capitales de provincia están claramente amenazadas (si bien no todas por igual). 
Todo indica que la UPyD va a tener la llave en muchos de los principales ayuntamientos de la comunidad. La gran incógnita es en que derivará para entonces la fragmentación de la izquierda constatada en las europeas, o, lo que es lo mismo, en qué medida “Podemos” será capaz de montar candidaturas que transformen en representación municipal el caudal de votos recogido el pasado domingo.